Las vírgenes guardianas

José Antonio R. Ferreras VIGO

VIGO

Reportaje | Los caminos de Santiago en la diócesis Tui-Vigo El recorrido desde la frontera portuguesa está plagado de esculturas en templos que evocan la religiosidad y la devoción en cada zona de paso

02 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

A Guía es ese brazo de tierra que se adentra en el mar de Vigo y lo adelgaza para convertirlo en estrecho. Es también mirador desde el que la vista vuela con libertad sobre la ciudad extendida por la orilla de su propio y familiar océano. Y podría ser faro (que ya lo fue), si preciso fuera. Pero además de todo esto que es y puede ser es también ermita mariana gracias a Olegario Collazo que, en nombre de muchos otros implicados positivamente en el tema, solicitó licencia para construir un templo dedicado a la Virgen de As Neves y al Sagrado Corazón. Sucedía esto en febrero de 1.952. Manuel Gómez Román fue el arquitecto del proyecto que se llevó a cabo, aunque también Palacios había presentado unos veinte años antes uno propio con un objetivo muy similar: el de erigir allí, en ese mismo pináculo, un templo dedicado a La Paz. Ciertamente este templo, en razón de su juventud, no ha jugado un papel histórico en el tema de las peregrinaciones, aunque sí ha tenido para muchos de nosotros un valor o significado muy especial. En él, por ejemplo, sellamos nuestro religioso compromiso matrimonial, por cierto, en día de julio, que más parecía del peor enero. La tierra de las nieves La Virgen de A Guía es en realidad Nuestra Señora de As Neves. Resulta singular que en esta tierra tan escasamente visitada por la nieve sea precisamente ésta la advocación mariana más frecuente. Claro que, al referirnos a ella, el primer lugar en la enumeración debe estar reservado a la Virgen del concello de As Neves, que fue antes de Setados y que en honor precisamente a ella mudó de nombre. Fue la aparición de la Señora a un humilde pastor en un paisaje, al parecer, cubierto de nieve la que dio orígen a tal devoción. Allí, en su iglesia coronada por curiosa torre piramidal, ubicada en lugar de privilegio se encuentra su imagen menuda, ornada de diadema, de luenga cabellera y de ropaje amplio y níveo que se oculta parcialmente bajo una extensa capa que casi rodea, abrazándola, la peana sobre la que reposa. En Herville, por encima mismo de la Cela mosense, se encuentra asentada otra de nuestras níveas Vírgenes. Cuando sale de su humilde escondite cerrado, con motivo de su fiesta de agosto, con un solo extender de la mirada puede volar sobre todos los Porriños, el urbano, el rural, el industrial, el granítico, el del humedal de Budiño... Lugar magnífico y más que bien seleccionado para vigilar desde allí todo lo que en el dilatado valle acontece. Está luego la Virgen de A Peneda o del Viso, posada ésta sobre cónico monte en los límites mismos de la diócesis y a caballo entre las tierras redondelanas y de Soutomaior. Reina, bendice, vigila desde allí el paisaje del último mar y el del último río e invita a los viajeros a ascender hasta ella, regalándoles, amén de bendiciones, un aliento purísimo de brisa, junto con el lógico goce de una visión difícilmente superable. Unos dicen que hubo allí castillo mandado edificar por los Católicos Reyes; para otros el castillo que allí estuvo fue obra del arzobispo Alonso de Fonseca con el propósito expreso de vigilar y tener a raya a su enemigo declarado, Pedro Álvarez de Soutomaior, alias Madruga, que residía en el castillo próximo cuando se andaba por aquí, que no era mucho el tiempo, ya que la mayor parte de éste se la pasaba peleando con unos y con otros. Esta fortaleza sería levantada en 1.477 y recibiría el nombre de Castrizán. Bueno, no duraría mucho, que llegado que hubo Pedro a hacer parada en su residencia se dio prisa en ascender hasta castillo y hacerlo trizas.