CONTRAPUNTO
02 mar 2004 . Actualizado a las 06:00 h.PARA saber cómo anda el barómetro electoral, nada como acudir a la esencia misma de la palabra: el bar. Es en la tasca donde la campaña cobra su dimensión real. Entre chatos, uno descubre que, pese al tirón de Rajoy (primera vez que un paisano aspira al inquilinato en La Moncloa), los golazos de los Ronaldos -el del Madrid y el del Barça- o la caída en barrena del Celtiña consumen muchos más minutos que la política. Y cuando se discute del 14-M, el universo se reduce a ZP y Mariano, a las grandes promesas y a las inauguraciones. Moraleja: los partidos podrían ahorrarse un pastón en las campañas (casi desapercibidas) de sus candidatos locales y, si prohibieran las inauguraciones, sería más difícil conocer el grado de optimismo de los partidos. Por ejemplo, nadie sabría que el PP confía en inaugurar el ILS de Peinador tras las elecciones y, por la dichosa foto, decidió no ponerlo en servicio hasta entonces... ¡que manda huevos!