Reportaje | Vigo, la ciudad tapiada Al contrario que en otras grandes ciudades españolas, el movimiento de «okupación» vigués no responde, en general, a reacciones contraculturales, sino más bien económicas
31 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.De momento, constituyen una minoría en alza sin censar. De ocupar viviendas particulares han pasado a instalarse en edificios oficiales o simbólicos de la ciudad para convertirlos en centros de operaciones de todo tipo, pero, sobre todo, para tener un techo bajo el que cobijarse. Se trata de los okupas. En Vigo, la mayoría de este colectivo no recurre a la ocupación como respuesta contracultural, sino simplemente como fórmula particular para solucionar la inexistencia de alquileres baratos. La falta de empleo y, por tanto, de medios económicos, problemas de drogodependencias o de desarraigo familiar se encuentran entre las causas más comunes que llevan a ocupar los inmuebles deshabitados y abandonados a su suerte. Con el tiempo, algunas de estas viviendas se convierten en lugares de trapicheo, focos de infección o espacios inseguros con peligro de derrumbe, incendio o cualquier otro percance. La prioridad del urbanismo moderno y de las grandes obras de diseño frente a la planificación con criterios sociales ha llevado consigo el incremento de este tipo de opciones como reacción natural y alternativa. Impuestos Las amenazas sobre el incremento en el precio del impuesto de bienes inmuebles de viviendas deshabitadas con el objetivo evitar su deterioro y ocupación no han servido de nada, máxime cuando finalmente se ha anunciado que la medida no saldrá adelante. Entre los edificios oficiales o simbólicos de la ciudad que reciben o han recibido okupas en algún momento figuran el asilo de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, de Pi y Margall. Tras recibir una orden judicial tuvo que ser apuntalado y tapiado para evitar tales prácticas que, pese a ello, se volvieron a reproducir. Más peligrosa que la anterior es la ocupación del antiguo inmueble de Casa Mar, donde se ubicará el futuro auditorio. En este edificio se vienen registrando sucesivos incendios que requieren la actuación prolongada de los bomberos. Pese a que se desconoce el origen del fuego, una de las hipótesis apunta a las hogueras encendidas por sus moradores para protegerse del frío. Por fortuna, los habitantes de Casa Mar no se encontraban en el interior del edificio cuando se produjeron los sucesivos incendios. La antigua fábrica de Álvarez, en Cabral, no sólo ha servido de cobijo, sino que es objeto de saqueos, que nada tienen que ver con okupas. El chalé Agarimo, situado en Peniche y de propiedad municipal, tuvo que ser tapiado con urgencia para evitar a los intrusos y su alarmante deterioro, teniendo en cuenta que se piensa trasladar a una parroquia con el objetivo de que sirva de sede de una asociación vecinal. Las mismas medidas se adoptaron en el edificio Cambón, propiedad de la Xunta en pleno Casco Vello y futura sede de la alcaldía de Vigo. Durante la reciente visita de la alcaldesa, Corina Porro, al inmueble todavía eran evidentes las huellas de los inquilinos. El Casco Vello y las inmediaciones de la unidad de drogodependencias Cedro acogen a buena parte de la población okupa . En otros casos como la Etea, en Teis, o en el antiguo colegio Cluny, en Gran Vía, para evitar estas situaciones son objeto de una vigilancia férrea.