ANTÍPODAS | O |
01 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.EL TEMPORAL político vigués amaina, y de nuevo la realidad desmiente los augurios tremendistas. La ciudad no se ha despeñado por el abismo, pues ni las cosas estuvieron tan mal ni la urbe depende tanto de la política, por fortuna. Lo que sí ha desmochado el vendaval son los pactos PSOE-BNG. A las uniones de la izquierda se les pasó hace tiempo la fecha de caducidad. No ha funcionado la del PSOE con IU, ni ésta con quienes, antes que de izquierda, son nacionalistas. Los remedos de Frente Popular creados en Europa en los últimos lustros sólo han servido para que la izquierda eludiera su propia crisis: arrejuntarse en lugar de renovarse. Y la gauche hispana se resiste a la renovación como los niños a lavarse los dientes. Días atrás, un dirigente del BNG vigués insistía en que la voluntad ciudadana era que gobernaran juntos ellos y los sociatas. Eso es una interpretación de la traída y llevada voluntad, que no ha sido explícita. Sólo lo sería si los dos se hubieran presentado juntos a las urnas. Cabe otra «lectura» de los pactos en Galicia: dos partidos se juntan porque por separado no tienen fuerza para echar del poder a otro. Dicen que tienen ideas y planes comunes, pero se demuestra que hay radical incompatibilidad de caracteres. Su alianza obedece a la aritmética, pero en política, uno y uno no siempre son dos. El otro temporal, el de lluvia y viento, me recordó que las habas de la incompetencia o la estupidez, factor humano por excelencia, se cuecen en otros fogones, aparte, del político. Por ejemplo, en los que planificaron la reforma en torno al mercado del Progreso. Muy modelno lo de quitar las aceras, pero el río que bajaba por allí nos retrotraía vertiginosamente por el túnel del tiempo. Ponemos tanto la lupa sobre los políticos, que el resto de la fauna se escapa indemne.