Reportaje | Las dificultades históricas del puerto de Vigo A pesar de contar con unas excelentes condiciones naturales, la bahía de la entonces villa olívica tuvo vetado el tráfico internacional hasta 1717
18 oct 2003 . Actualizado a las 07:00 h.El puerto de Vigo ganó, durante los años más intenso de la emigración gallega, el sobrenombre de la Puerta del Atlántico por ser el punto de partida hacia América de miles de gallegos. Sin embargo, hubo un tiempo en que ni por asomo podrían imaginar los vigueses que algún día su puerto llegaría a tener semejante denominación. Después del descubrimiento de América, en 1492, sólo dos puertos españoles fueron autorizados para cargar y descargar mercancías con tal destino, y ninguno de ellos fue el de Vigo. Es más, tuvo totalmente prohibido el tráfico internacional hasta 1717. Esta situación estuvo motivada por un problema de jurisdicciones. Vigo pertenecía a la jurisdicción del Arzobispado de Santiago, es decir, era la mitra compostelana la que cobraba los aranceles de este puerto. Por ello, la Corona española no otorgó ningún permiso a Vigo y sí a villas de jurisdicción real, como es el caso de Baiona. Había sido Juan II, en 1452, el que había determinado los puertos que podían acoger el tráfico marítimo internacional y no eran otros, en toda Galicia, que A Coruña y Baiona. A pesar de esta legalidad, eran muchos los mercaderes extranjeros que preferían realizar sus recaladas y sus negocios en Vigo. Tantos, que Baiona y A Coruña presentaron una queja ante el rey que motivó una investigación. El resultado fue rotundo: desde los años cuarenta del siglo XVI, el tráfico marítimo en Vigo asciende sin cesar y suponía un perjuicio para los puertos oficiales. Pleito con A Coruña Felipe II, en 1563, prohíbe este tráfico y comienza un pleito entre las localidades de A Coruña y Baiona, por un lado, y el Arzobispado de Santiago por el otro. En este pleito llegan a intervenir mercaderes extranjeros a favor de las condiciones excepcionales que presentaba Vigo. No sirve de nada ya que el rey reafirma la prohibición en 1569. Sin embargo, no debió de surtir efecto porque en 1588, Felipe II ordena al Capitán General del Reino que haga cumplir su mandato. Los barcos siguen llegando a Vigo y las quejas de Baiona continúan a lo largo de todo el siglo XVII. Esta situación de ilegalidad que vive el puerto vigués se mantiene hasta comienzos del siglo XVIII. En 1717, una Real Cédula de Felipe V habilita a Vigo para recibir tráfico de alto bordo. Esta puerta abre un período de crecimiento comercial, especialmente con Gran Bretaña. Sólo entre 1734 y 1736, Vigo registra el mayor tráfico comercial de Galicia con Inglaterra. En 1742 se produce un nuevo retroceso. Otra orden real margina a Vigo del tráfico internacional de mercancías. Esta Real Cédula cita a los puertos de Ribadeo, Ferrol, A Coruña, Pontevedra, Baiona y !Padrón¡, pero no a Vigo, el mejor puerto natural de Galicia. El despegue El veto duró hasta 1749, año en el que se rehabilita al puerto vigués. Nuevamente comienza un período de bonanza mercantil. De hecho, los barcos ingleses que negocian en Portugal hacen escalas sistemáticas en Vigo en su viaje de retorno. Pero, el tráfico con América seguía vedado. En 1761, se le autoriza al puerto vigués a trasbordar mercancías procedentes de buques franceses con destino a los mercados americanos. En 1773 le llega a Vigo su ansiado momento transoceánico. En ese año, se abre para Vigo el comercio marítimo con las Antillas y en 1783 se le permite despachar, con destino a Montevideo y Buenos Aires, dos barcos anuales. Finalmente, en el año 1794, el rey Carlos IV decide habilitar los puertos de Vigo, Valencia y Sanlúcar de Barrameda para traficar libremente con toda América. Los datos de este reportaje fueron extraídos del libro Vigo en su historia , en los capítulos firmados por los investigadores María del Carmen González Muñoz y Antonio Meijide Pardo.