OPINIÓN | O |
06 oct 2003 . Actualizado a las 07:00 h.PAPELES PEGADOS en el suelo de varios pasillos anuncian que algo va a pasar en la Biblioteca Pública Central de Vigo. En realidad ya ha ocurrido y sucede: es uno de los centros de trabajo que más bajas por enfermedad padece; algunas se han producido por trastornos mentales graves, todavía no curados, y afectan a técnicos superiores. Situada al lado de la barra americana Telmo¿s, en el ruinoso Casco Vello, la biblioteca central es un ultraje al buen nombre de Vigo por sus deficiencias administrativas, y estructurales en materia de seguridad e higiene. En sólo ocho años de actividad, han ocupado la dirección cuatro bibliotecarias. Una enorme pancarta con la leyenda Nunca máis colgada en el balcón desde febrero, advierte al lector dónde se mete. Otra, con la misma marca registrada por el BNG, preside la sala principal de lectura en la cristalera frontal. Los anuncios de la intrigante nueva son peligrosos cuando se pisan húmedos; están escritos a mano, con tintas fluorescentes de varios colores. Formados por palotes estridentes de trazo desigual, los textos se adornan con flechitas infantiles. Unos son vulgares, otros grotescos; en cualquier caso, más apropiados para guarderías o escuelas de párvulos que para una biblioteca. Los estudiantes, opositores y lectores que la frecuentan no pueden distraerse escudriñando comics misteriosos. Además, son insconstitucionales al estar escritos exclusivamente en gallego, como todos los avisos colocados en las puertas y columnas. El BNG ha impuesto el gallego por la fuerza en la ciudad gallega donde residen más personas que hablan habitualmente el castellano. La actitud imperativa del BNG la rechaza con gallardía el alcalde Ventura Pérez. Mientras, el PP rural la subvenciona.