Cuentos Municipales
20 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.LGUIEN ha convencido a los concejales del Gobierno de que oficiar en las bodas civiles, especialmente en un marco como el Pazo Museo Municipal Quiñones de León, da votos. Inmediatamente se han visto las consecuencias. En la puerta del despacho de El de la Triste Figura , ex-alcalde y ahora, entre otras cosas, concejal de Turismo, hay colgado un cartel que dice: «Las mejores bodas. Las más duraderas». Por su parte, El Parachoque, la edil socialista de tanta confianza de El Principito Valiente hace figurar en su despacho este reclamo. «La oficiante en una boda es tan importante como la novia. Aquí dentro, la mejor elección». O Edil Docto , ese concelleiro al que no se ve demasiado, que lleva Patrimonio y Normalización: «Un buen poema en una celebración de esponsales es mejor recuerdo que un hermoso ramo de flores». Lo cual, ciertamente, resulta así como cursi, pero ahí queda. Superman Lamas, haciendo honor a su condición de responsable de Economía y Hacienda, hace la promoción por donde más duele: «Una boda con garantía de austeridad para toda la vida». Caperucita , la ex-tridente y ahora responsable de Juventud y demás zarandajas, arrima el ascua a su sardina: «El que se casa con esta oficiante, rejuvenece». La mismísima oposición, contagiada del ímpetu gubernamental a la hora de obtener rentabilidad electoral de las bodas, entra por los mismos derroteros. La Esperanza Rubia, líder del partido mayoritorio extragubernamental, ordena a todos los suyos colgarse al cuello el mismo cartel que ella se coloca: «Haga usted una boda a derechas. Rezuman eficacia y tienen una duración de ocho años como tope, como los mandatos de nuestro jefe». Martín Códax y su tataranieto Cachamuíña, a los que se ha unido ya casi como fijo a la hora del café El Destroyer -ese caballero que destroza a las corporaciones en los tribunales, en los asuntos urbanísticos-, examinan las proclamas y maquinan algo, a tenor de lo que dicen los que les escuchan en Queta Hilton, la cafetería del Concello. Alguien les ha visto manejando listas y más listas de parejas casadas en Castrelos, de las que consiguen teléfonos y les hacen llamadas. Quizá por iniciativa de los tres reunidos, o vaya usted a saber por qué, al día siguiente aparece en la Praza do Rei la Asociación de Afectados por las Bodas Oficiadas por Miembros de la Corporación. Además de palabras irreproducibles, los novios repiten una y otra vez a gritos: «¡Pero como van a durar nuestras bodas si vosotros, los que las oficiastéis, no sois capaces de estar unidos ni siquiera cien días!». Se supone que en alusión a los cien días de gobierno que llevan las huestes de El Principito Valiente y El de la Triste Figura. Dado que la manifestación se mantiene largo rato en la puerta, y llega en algunos momentos a entorpecer el paso de ciudadanos que acuden al ayuntamiento, los dos líderes del Gobierno se asoman a una ventana. Los manifestantes rugen más que gritan: «¡Que se casen, que se casen, que se casen!»