Cuentos Municipales
30 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.APERUCITA , la edil que se responsabiliza de Juventud y Sanidad, entre otras cosas, que fue ariete del Tridente, ha regresado de sus vacaciones como una consumada ciclista. Hace virguerías sobre la máquina, aunque lo cierto es que con el casquete de seguridad que se coloca, a ratos parece La Hormiga Atómica. En cuanto El Principito Valiente ha recibido su visita de cortesía y ha conocido sus nuevas habilidades, ha querido sacar provecho de ellas. - Caperucita , maja, yo solamente he recorrido Vigo, dándome el aire en la cara, en el segundo piso del autobús para turistas. Lo de la bicicleta tiene que ser mucho más emocionante. Además, ves las necesidades y a los contribuyentes a ras del suelo, con lo cual te engañas menos. ¡Tienes que llevarme! ¡Tienes que llevarme! -se emperra El Principito Valiente- . Al fin, inician los dos un largo recorrido en la bicicleta de Caperucita , a la que ha dotado de un segundo sillín con fieltro, para que el regidor viaje más mullido. Cuando pasan por Beiramar, El Principito Valiente se agacha de manera instintiva. -No quiero que me vea Palo al Agua , el presidente de la Autoridad Portuaria -se justifica El Principito -, no sea que me pida respuesta a las muchas preguntas que tengo pendiente de contestarle sobre el futuro del puerto. Cuando, llegando a Bouzas, pasan frente al complejo de la Zona Franca, El Principito Valiente se agacha otra vez. Por un momento, Caperucita piensa que no transporta a un alcalde, sino a un funcionario internacional recorriendo Bagdad. ¿Y qué será ahora?, se dice, a lo que él contesta como si hubiera oído el pensamiento de ella. -En este caso no quiero que me vea El Delegado de la Bien Pagá . Con los coches que él luce, pasear yo en bicicleta me da un poquito de corte. Cuando, ya de regreso, van a ascender por la pina cuesta de Colón, Caperucita se apea y amarra a El Principito Valiente a la bicicleta mediante una gruesa cuerda. -No quiero perder tan delicado paquete cuando estemos cruzando ese conjunto de baches que hay en la obra del parking de Urzáiz. El Principito Valiente hace el recorrido entusiasmado, apuntando necesidades, señalando deficiencias, revisando defectos. -Esto sí que es conocer la situación del pueblo a su mismo nivel, querida Caperucita . En Urzáiz esquina a Gran Vía, salta la sorpresa. En plena acera, esperando para cruzar un semáforo, está El de la Triste Figura . Da por hecho El Principito que ya les ha visto, y no vale la pena que intenten escapar de él. -¡ Principito ! -dice el otro, haciendo bocina con las manos-, ¿qué?, ¿ya acabaste con el coche oficial o vas para Induarain con aya? En el preciso momento en que El Principito Valiente se agacha instintamente por enésima vez, uno de los objetos adosados a las ruedas desde que han cruzado las obras del parking, producen un pinchazo. El Principito se cree obligado a cargar a hombros con la bici, camino del Concello. Caperucita tiene el gesto de desprenderse del casquete de seguridad y cedérselo, con lo que está irreconocible. Por cada calle que pasan, le jalean. -¡Principito! ¡Principito! Cuando llega al Concello le saludan muy cordiales varios funcionarios. El sigue sin darse cuenta de que, cuando le subió en la bicicleta, Caperucita colocaba en la máquina un banderían de Vigo, como esos incluso provocativos que llevan algunos coches oficiales. Y así, llamando la atención, han recorrido Vigo durante horas.