Ovnis sobre el Berbés

VIGO

CAPOTILLO

Testigo directo | Fenómenos en el firmamento Dos extraños cuerpos luminosos reúnen a una decena de curiosos que se debaten entre la credulidad de un ufólogo aficionado y el escepticismo de una psicóloga en ciernes

26 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Fue una noche extraña y curiosa. Una decena de personas muy heterogéneas mirando atentamente el firmamento con catalejos y prismáticos. En el grupo no faltaban ni las women in black ni el investigador de fenómenos extraños, pasando por el escepticismo de una estudiante de Psicología y la curiosidad de los periodistas. Todo empezó el lunes a la una y media de madrugada cuando el vigilante de seguridad del periódico recibió una extraña llamada anunciando fenómenos luminosos sobre la calle Torrecedeira. Al día siguiente se repitieron las llamadas a la redacción. Las sonrisas de incredulidad se extendían al comentar el recado telefónico. Búsqueda de testigos Por fin, aparecieron en la sede del periódico José Ferro, jardinero e investigador aficionado de fenómenos extraños y María José López Pérez. Relataron que durante dos días habían estado viendo sobre la calle Torrecedeira un cuerpo luminoso, mucho más grande que una estrella de color oro viejo, y que se movía. Ferro aseguró que ayer de madrugada se iba a repetir el espectáculo. Los periodistas se presentaron en el lugar de la cita, el bar La Nueva Era, situado junto a la puerta de entrada del puerto pesquero del Berbés. Nunca el nombre de un establecimiento fue tan apropiado para observar un presunto caso ufológico. Los periodistas habían invitado a varias personas para que hubiese más testigos que corroborasen si realmente sucedía algo extraordinario o no pasaba absolutamente nada. Uno de los reporteros llegó a las doce y diez, veinte minutos antes de lo previsto. Pidió un café para tomar fuerzas ante la larga noche que se avecinaba y se sentó. De repente apareció en el firmamento una luz grande con destellos cambiantes de colores. En ese momento llegaron Raquel, estudiante de Psicología y María José, de Derecho Económico, provistas de catalejo y binoculares. Enseguida arribaron Ramón y Ana seguidos de Elisa, Lisi y Olaia, todos vestidos de negro y ellas casi de uniforme, como si estuvieran en el rodaje de la versión femenina de Men in black. Los artilugios de visión pasaron de mano en mano y varios de los asistentes pudieron ver cómo el cuerpo que se hallaba en medio de la ría tenía forma ovalada y llevaba luces de colores. Oscilaba ligeramente dando pequeñas vueltas y se alejaba poco a poco hacia el Morrazo. Las luces no eran las de una estrella y tampoco las de un avión. Varias aeronaves pasaron por encima con sus luces características, muy diferentes a las del cuerpo observado. Los aviones suelen volar a unos 10.000 metros de altura y las extrañas luminarias estaban a la mitad de altura, tomando como referencia las aeronaves. El caso es que este fenómeno no era el que había convocado a los presentes. De repente, apareció la otra luz, un gran cuerpo de color oro viejo que se movía lentamente muy por encima de los edificios de Torrecedeira. Las opiniones eran para todos los gustos: «eso es un globo aeroestático», decía uno, «puede que sea Marte», terciaba otra. Ferro afirmó en el año 1994 que había sido testigo de avistamientos. La televisión gallega le desmintió asegurando que eran los focos de un programa de verano que se emitía al aire libre. Pero hoy día Ferro insiste en que «acabó el programa y se seguían viendo las luces». Otros estudiosos aseguran que en realidad se trata de prototipos militares. La llamada Alternativa Racional a las Peudociencias desmitifica a los que denomina «charlatanes» de la ufología. En cualquier caso, la verdad está ahí afuera.