HEMEROTECA El Papa Clemente, coronado en el Palmar de Troya

Carlos Fernández REDACCIÓN

VIGO

SUCEDIÓ EN 1978

15 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Quizás porque la Iglesia católica se hallase sin Papa, al haber fallecido Pablo VI y no haber comenzado todavía el cónclave para elegir sustituto, Clemente Domínguez, el pintoresco visionario de El Palmar de Troya, aprovechó la ocasión para ser coronado sumo pontífice de su original iglesia. En su discurso de toma de posesión, el nuevo papa dijo: «A partir de ahora, el mundo ha de acostumbrarse a ver milagros maravillosos y extraordinarios». Entre tales debió figurar la canonización de Francisco Franco, Carrero Blanco y José Antonio Primo de Rivera, lo que ya indicaban las ideas políticas de don Clemente. Inmediatamente comenzaron las sesiones para constituir el colegio cardenalicio, para el que fueron elegidos los sacerdotes favoritos (y algo más) del nuevo pontífice. En la España del verano de 1978 la gente se lo tomaba a guasa, sobre todo los andaluces, y hasta se compusieron canciones alusivas a Clemente e incluso libros. También Antonio Gala, con su causticidad habitual, escribió que Andalucía había inventado algo único en el mundo: una fábrica de obispos. De todas maneras, había personas que ayudaban al nuevo papa, pues nadie se explicaba si no de dónde salía el dinero para construir el templo faraónico de El Palmar y todo el lujo que rodeaba cada desplazamiento de su Santidad.