La Mancha

CRISTINA LOSADA

VIGO

ANTÍPODAS | O |

12 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

La poda de árboles, ¡ahora!, en los merenderos de Samil me cabrea tanto que ya no sé si son chopos o negrillos los sacrificados en aras, dicen, de la seguridad. Lo que sé es que al Concello vigués le va la poda más que a un skin el rapado de la cabeza. Y que en cuanto se menta la seguridad, allá caen árboles enteros sin que le tiemble a nadie la sierra. La cosa no es nueva y ya parece un rasgo de identidad, así que no debía enfadarme por estos arboricidios. ¿Por qué, pues, me cabreo? Me preocupa ese rasgo de mi identidad y acabo de tropezar con un eslabón perdido que puede explicarlo: el chapapote. Sí, señores, en mi infancia yo me manché mucho de chapapote. De las playas a las que iba salía siempre con la marca de la bestia, y como entonces éramos unos ignorantes, no íbamos a la Cruz Roja, que además no estaba allí, ni acudíamos al cuarto de socorro, sino que nos quitábamos la mancha a pelo, con un palito ad hoc, mucha arena y si era recalcitrante, con gasolina. ¡Qué mezcla de venenos más letal! ¿No es posible que de aquellos tóxicos me vengan estos lodos, o sea, el mal carácter? Fíjense lo que pasa ahora cuando alguien en la playa se mancha de piche y díganme si no es para pensar que es harto peligroso. Los servicios sanitarios acuden a socorrer al contaminado, se utilizan medios sofisticados y el incidente merece páginas en los periódicos. Me dicen que incluso hay paneles de instrucciones para que uno sepa qué hacer si se le presenta el mal. Y que una de las recomendaciones es usar bañadores claros, para que al salir del agua, se vea bien la mancha. Yo me resisto a creer tamaña malevolencia. Será una broma de mi informante. Es que si me lo creo, me cabreo. closadafernandez@yahoo.es