Varela, miembro del 091 y ex sindicalista clandestino, ha sido testigo del auge y caída de los capos gallegos y presenció como la droga arruinaba a una generación viguesa
31 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Varela tiene un lema: «Mejor hacer el bien que el mal, porque, a fin de cuentas, todos iremos al cajón». Su padre, de Palas de Rei (Lugo), le inculcó otra enseñanza: «Es mejor dar que pedir». Y añade: «Quiero las máximas garantías legales por si, algún día, soy yo el que está detrás de las rejas». Esa mentalidad humanitaria fue la que, en la década de los 80, le impulsó a colaborar con Érguete. La asociación de ayuda al toxicómano le entregará el próximo viernes el premio Solidaridade Personal por 31 años de servicio como policía nacional en Vigo. -¿Cómo surgió el problema de la droga en Vigo en los años 80? -Existían cafeterías y bares que movían muchos estupefacientes. Carmen Avendaño y otras madres denunciaban esta venta a la puerta de los locales. Eso era peligroso, pues les fotografiaban y les amenazaban. Al final, varios bares cerraron. Érguete se transformó en una entidad humanitaria para que los chicos saliesen de la droga y empezasen una nueva vida. Luego surgieron Proyecto Hombre, Alborada o Cedro para aliviar el dolor de estas personas y de sus familias. -¿Y el resultado? -Unos toxicómanos lo lograron y, por desgracia, con otros no hay manera. Son enfermos que no están en sus cabales, que cometen delitos y los policías estamos para detenerles. El 80% de los presos son drogadictos. El Estado debía dar más medios a Érguete para que les quite de la droga. -¿Qué recuerda de su trayectoria en el 091? -En el 091 practiqué decenas de detenciones de pequeños delincuentes toxicómanos mientras los grandes vivían impunemente al margen de la ley en mansiones en Vilagarcía. El decreto de 1985 del ministro Barrionuevo permitió incautar las lanchas rápidas de las rías. Ahí comenzó el fin de estos clanes, que remató con la Operación Nécora. -Pero la droga sigue ahí. - Las frecuentes incautaciones de estupefacientes han elevado los precios, porque la demanda es superior a la oferta, y muchos toxicómanos tienen que dejar la droga. -¿Fue duro pertenecer al sindicato clandestino? -En Vigo, fundamos una célula del SUP en 1980 para reinvindicar mejoras. Pensábamos que si el trabajo de los policías no estaba militarizado, operaríamos con libertad y ello beneficiaría al pueblo. -¿Sufrió represalias? -Me expedientaron dos veces. Fueron años duros pero CCOO, UGT y SPP nos apoyaron. El SUP fue legalizado en 1984 y cuenta con 1.930 afiliados en Galicia. Pedimos que los compañeros que patrullan o cumplen cinco turnos cobren un extra. -¿Los juicios rápidos les han perjudicado? -Sí, porque los interrogatorios se alargan por las tardes y no cobramos un extra. Este año pasaron 500 detenidos por el juzgado y el personal está saturado. -Pero los casos de Deborah y las bombas trampa siguen abiertos. -La policía española es una de las mejores del mundo pero carece de personal para funcionar las 24 horas del día. En Vigo se necesitan 650 funcionarios pero sólo prestan servicio 475. -¿La policía se equivocó al arrestar a Fran Rial? -Sé que, con las pruebas halladas y otras que se consigan, la policía dará con el autor o autores del crimen.