Vida al revés

MIGUEL Á. RODRÍGUEZ

VIGO

AL CIERRE | O |

16 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

UN somero análisis de la campaña electoral viguesa vierte sobre el observador la certeza de que aquí se cuece algo bien gordo. Con sus a menudo habituales poltergeist de abandonos, ceses y transfuguismos varios, la política local siempre estuvo marcada por la floritura: alcalde socialista gobernando en minoría con renegados del PP, alcalde popular en mayoría absoluta cosido a balazos por su propio partido, coalición de izquierdas (BNG-PSOE) repleta de traiciones y, últimamente, una fiebre resurrectora que infecta a viejas glorias y las abduce del más allá por el camino de los efímeros partidos de nuevo cuño. Nunca supe si fueron los políticos quienes se adiestraron en la escritura de los renglones torcidos de la vida local, o si fueron los vigueses quienes se acostumbraron a leer de costado y malinterpretar cuanta propuesta saliera del Ayuntamiento. Lo cierto es que el abanico electoral que camina a trompicones hacia el 25-M tiene matices para varias tesis: Las primeras mujeres demócratas candidatas a ser alcaldesas, un independiente, y ex juez, como jefe de filas del PSOE, Castrillo tratando de afianzar un liderazgo cuestionado y Soto tratando de emerger de nuevo hasta primer plano de las «llaves» del gobierno. Aquí hay dos campañas. Las de las grandes promesas y obras espectaculares (que protagonizan Corina y Soto), y la del sosiego y la templanza como valor supremo (curiosamente encabezada por el Bloque y el PSOE). Algo bien gordo se debe estar cociendo en Vigo para que la izquierda radical clame por la calma tras las tempestades de la guerra y el Prestige , o para que sea el PP quien se ponga las pilas de una radicalidad que le lleva hasta la supresión de impuestos.