Perversión enla autopista

X. A. PEROZO

VIGO

LA GOTERA | O |

05 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

LA INFANCIA y la adolescencia de mi amiga Isabel se las tragó la Autopista A-9 de un solo bocado. Ella vivía en Teis, en una pequeña finca familiar que su abuela había comprado con los ahorros de toda una vida de trabajos y sufrimientos. Allí estaban sus primeras luces, sus recuerdos infantiles, sus juegos de niña que despierta a la vida, al amor, a los sueños... Llegó la expropiación y se lo llevó todo. Su infancia y juventud hoy son un tramo ancho de asfalto y el valor no pasó de lo que la Administración del Estado consideró legalmente justo, aunque no lo fuera.Ahora esa misma Administración va a privatizar la infancia y adolescencia de mi amiga, las ilusiones perdidas de sus padres y el sudor de su abuela, que los hubiera hecho ricos si la A-9 no hubiera pasado por encima de sus vidas. Imagino que lo mismo que a mi amiga, le aconteció a cientos de gallegos, pequeños propietarios que perdieron sus tierras en favor del bien común, no del bien de unos cuantos.Esta tragedia es lo que yo considero la verdadera perversión de la privatización de la A-9. El Estado se comporta como un supuesto antibandolero que roba a los pobres para engrosar el bolsillo de los ricos y de nada servirán ni protestas ni manifestaciones.Porque ¿quién nos dice que en el futuro Audasa no cambiará el curso de la autopista y especulará con los terrenos que ahora privatiza? Ya sé que por ley no es posible, pero ¿quién impedirá a los legisladores del futuro cambiar la leyes, los planes urbanísticos, la moral del comercio...? Cuando expropiaron a la familia de mi amiga Isabel lo hicieron con ley en la mano para una concesión que revertiría en todos los ciudadanos. Era una perversa mentira.