El fracaso de Toba y Castrillo

VIGO

08 feb 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

Durante el verano de 1999 nacionalistas y socialistas tuvieron a la ciudad en vilo ante su incapacidad para pactar un gobierno con mayoría para Vigo. El punto de fricción fue la gestión del área de Urbanismo, que ambos reclamaban para si. En septiembre acordaron un reparto (Planeamiento para el Bloque y el PSOE a cargo de Gestión) que reventó con la posterior renuncia de Dolores Villarino. Pese al reparto, desde el principio quedó en evidencia que Xabier Toba era el concejal de Urbanismo y los socialistas actores secundarios. Por si había alguna duda el Bloque impuso su criterio, en contra de la opinión del PSOE, sobre el futuro del planeamiento urbanístico de la ciudad: el gobierno encargaría la redacción de un nuevo documento y el elaborado en la etapa del PP, que no pudo concluirse, iría a la basura. Eso sí, abonándole a la empresa Omicrom hasta la última peseta de los 70 millones del contrato suscrito por Manuel Pérez (PP). Consenso con Cuíña Lois Castrillo empezó a actuar de inmediato y prontó sorprendía con un acuerdo con Xosé Cuíña para elaborar el nuevo plan general de ordenación municipal (PGOM). El pacto lo presentaron públicamente ambos políticos en un hotel de la ciudad, lo que garantizaba que no habría obstáculos políticos por parte de la Xunta, razón por la que Pérez, pese a pertenecer al mismo partido que el conselleiro, no pudo sacarlo adelante en 1999. A mayor abundamiento, la Xunta aceptó pagar la mitad del coste de su elaboración, establecido inicialmente en 200 millones de pesetas, aunque la cifra final será mayor. Sin duda alguna, conselleiro y alcalde llegaron también a otros compromisos sobre el proceso aunque estos no se hicieron públicos. A continuación se redactaron las bases para su adjudicación y se convocó el correspondiente concurso. De manera inexplicable sólo hubo dos ofertas: la ganadora, Consultora Galega, y una sociedad catalana que fue descartada con rapidez.A lo largo del pasado año un equipo comandado por el sociólogo Daniel Pino y el arquitecto Juan Zumárraga puso manos a la obra. Nunca en la ciudad se redactó un plan de urbanismo con semejante consenso a priori. Nadie cuestionó el trabajo y aquellos que lo veían con reticencias optaban por el silencio. Incluso un colectivo tan crítico con la gestión urbanística como la asociaciónde promotores (Aproin) respaldó la iniciativa. Acuerdo general Durante los primeros meses del año pasado empezaba a redactarse el documento en un ambiente de tranquilidad, situación que no disfrutó el anterior alcalde ni mucho menos Príncipe cuando tuvo que elaborar a toda prisa el plan aún vigente tras suspender la Xunta en septiembre de 1991 la adaptación irregular aprobada por Manuel Soto. Para entonces Villarino había renunciado a Gestión Urbanística y Toba era el único responsable de la Gerencia de Urbanismo. En ese momento los plazos ya no cuadraban y parecía imposible que en el tiempo que restaba hasta las municipales del próximo 25 de mayo pudiera sacarse adelante el documento. Compromisos reiterados Pese a ello en cuanta ocasión eran preguntados Lois Castrillo o su concejal de Urbanismo la respuesta siemrpe era la misma: la ciudad precisa con urgencia la normalización urbanística por lo que no se regatearán esfuerzos para aprobar el plan antes de los comicios, insistiendo en que había tiempo de sobra. En ambientes profesionales las afirmaciones sonaban a imposible, pero no por ello el BNG mudó de discurso. Llegado el verano del 2002 el avance fue estudiado en el Concello y se expuso al público aunque no es obligatorio. No sólo eso, el plazo inicial se alargó hasta octubre para dar mayores facilidades. El plazo era ya muy ajustado y desde el gobierno se sugirió que en mayo podía no estar aprobado definitivamente, pero que habría aprobación inicial. En ese caso el compromiso para la próxima corporación es elevado. Paradojas del destino, Pérez no pudo llevar a cabo la aprobación inicial por un informe negativo de la Xunta debido al proyecto Finca do Conde que acaba de recibir ahora vía libre.Por fin, días atrás Castrillo reconocía que no hay tiempo siquiera para su aprobación inicial. Por tanto, la próxima corporación decidirá lo que estime oportuno. En teoría, hasta podría echar abajo el trabajo de Consultora Galega... como Castrillo hizo en su día con la empresa de Pérez.