Un conselleiro, tres alcaldes

VIGO

BENITO

Cuíña mantuvo relaciones muy diferentes con Carlos Príncipe, Manuel Pérez y Lois Castrillo Empezó mal con Príncipe, fue duro con Pérez y tuvo buen trato con Castrillo

17 ene 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

A 16 de septiembre de 1991. La Xunta adopta una medida espectacular: suspende el plan general de urbanismo de la mayor ciudad de Galicia. El alcalde de la ciudad, Carlos Príncipe, lleva escasamente tres meses en el cargo tras desbancar a Manuel Pérez, que logró más votos pero no el apoyo de la mayoría de los concejales de la corporación. Esta decisión hipotecó la gestión del gobierno tripartito, aunque con el paso del tiempo las relaciones mejoraron. Tras un momento inicial de desconcierto Príncipe y su equipo lograron un pacto con Cuíña para redactar, de acuerdo con la consellería, un nuevo plan general en el plazo de 18 meses. Al final fueron dos años y medio, pero el gobierno de Príncipe, con el acuerdo de la Xunta, pudo tener listo a mediados de 1993 el nuevo plan general de urbanismo de la ciudad. El otro asunto que condicionó este mandato fue la planta de residuos de Guixar. El alcalde socialista negoció con el gobierno autonómico la construcción de dicha instalación, que encontró fuertes resistencias en la ciudad. Lo sorprendente es que el pacto de la Xunta (PP) y del Concello (PSOE/nacionalistas) fue obstaculizado por los populares vigueses. Mientras Sogama y el gobierno local se esforzaban en convencer a los ciudadanos de la necesidad de construir la planta de Guixar, para así poder clausurar O Zondal, el PP vigués agitaba las aguas en sentido contrario. La consencuencia fueron varios meses de conflicto social, con heridos y auténticas batallas campales. Príncipe padeció en primera persona los problemas derivados de una protesta ciudadana, viendo como sus actos electorales eran boicoteados uno tras otro. El resultado final en las elecciones fue una mayoría del PP que el socialista siempre atribuyó a las malas artes de Pérez en el asunto de la planta de Guixar. Etapa de normalidad La otra cara de la moneda es la etapa actual. Pese a lo que pudiera imaginarse entre un conselleiro popular y un regidor nacionalista, lo cierto es que Castrillo y Cuíña han mantenido relaciones correctas en las que han predominado los acuerdos sobre las discrepancias. Lo fundamental fue un convenio sobre infraestructuras y, sobre todo, un pacto para elaborar y aprobar el plan general de ordenación municipal. Pese a la exclusión del PSOE, ambos negociaron y decidieron con altas dosis de consenso.