Las navidades más negras de Navia

la voz | vigo

VIGO

M. MORALEJO

Cinco familias viven desde hace más de dos meses sin electricidad en la nueva urbanización de San Paio El Instituto Galego da Vivenda e Solo espera la orden de desahucio

02 ene 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

Son cinco familias y veintiocho personas. Los últimos supervivientes del espacio que acoge la mayor urbanización de Vigo, en Navia. Para sus defensores son unas víctimas de la especulación, el poder y la injusticia. Para sus detractores no son más que unos okupas que se quieren aprovechar de las circunstancias y sacar la mejor tajada de la situación. Lo cierto es que el Moro y su extensa familia se han hecho fuertes en la recién construida urbanización de Navia. En medio de más de una explanada de trescientos mil metros cuadrados resisten en una vivienda antigua de piedra y varias chabolas. Desde hace más de dos meses leen bajo la luz del candil y conservan los alimentos a la intemperie. La compañía eléctrica les cortó el suministro por falta de pago y las familias alegan que no les corresponde a ellos abonar el recibo, sino al Instituto Galego da Vivenda e Solo (IGVS). Ocupación Los responsables de este organismo, dependiente de la Consellería de Política Territorial, no sólo desmienten este aspecto, sino que estiman que la familia de El Moro aprovechó una vivienda que quedó vacía, tras llegar a un acuerdo con sus inquilinos, para hacerse con ella a modo de okupas. Advierten que han rechazado una a una todas las ofertas que se le han ido presentando, tanto de viviendas como indemnizaciones económicas. Este aspecto ha sido confirmado por los propios afectados quienes admitieron que rechazaron 126.212 euros (21 millones de pesetas. En este sentido lo tienen claro. Piden «cien kilos» o, de lo contrario, seguirán resistiendo. El IGVS solicitó en su día al juzgado el desahucio de las familias, una vez descartado ya cualquier acuerdo. De hecho, tampoco éstas se han quedado paradas y, a través de su abogado, han presentado querellas contra varios miembros del IGVS que fueron sobreseídas. El Moro y los suyos quieren cinco casas de planta baja para poder continuar con su oficio de chatarreros, cosa que, entienden, no podrían hacer, en caso de aceptar las propuestas de pisos efectuadas por la Xunta de Galicia. Como mucho, aceptarían irse para As Roteas. Sin embargo, y pese a que se ha venido insinuando la posibilidad de llegar a un acuerdo para trasladarse a este lugar, el Instituto Galego confirmó en varias ocasiones que no ha hecho ninguna oferta en ese sentido ni la piensa hacer. El fracaso de las negociaciones, iniciadas en el 2000 ha dado lugar a una situación paradójica: la mayor urbanización que se construye en Vigo convive, de momento, con un núcleo de chabolas propio de otra época. Entre tanto, la situación ha entrado en un tira y afloja, a ver quien puede más. El IGVS espera que o bien acaben sucumbiendo, sobre todo, ante la situación crítica debido a la falta de energía eléctrica, o el juzgado autorice el desahucio. Los afectados, por su parte, han decidido aguantar bajo viento y marea con la intención de aburrir a los responsables de este departamento de la Xunta. Residir en la zona Tal panorama no ha conseguido impedir que no sólo se concluya la primera y segunda fase de la urbanización de Navia, sino que se inicien las obras de construcción de varios edificios. Las familias afectadas no sólo se niegan a abandonar sus viviendas, sino también la zona. Alegan que llevan residiendo en ella más de veinte años y que los hijos y nietos ya se encuentran integrados. Temen que en caso de cambiar de colegio, los niños podrían encontrarse con actitudes racistas. El Moro y su familia nunca pensaron el pasado 18 de octubre que aguantarían tanto tiempo sin energía eléctrica y que fueran capaces de resistir unas navidades tan negras como las que están pasando, a la luz de las velas, sin televisión y sin nevera.