OPINIÓN
12 dic 2002 . Actualizado a las 06:00 h.POCAS VECES estuvo una ciudad tan unida. Pocas veces más de ciento cincuenta mil personas compartieron un sentimiento tan presente en el alma. Pocas veces tantas gargantas al unísono mostraron su dolor, su desesperación y su indignación. Pocas veces se vieron caminar juntas a tantas personas reclamando soluciones y responsabilidades. Unidos, jóvenes y mayores, trabajadores y empresarios, compartiendo lágrimas con los marineros que otro día más lucharon contra la desgracia de todos. Nadie y todos, somos responsables de lo ocurrido, pero las administraciones son las que deben actuar dando respuestas desde el primer momento. No lo han hecho. Al menos se tiene esa percepción porque no han sido claros y han funcionado con tapujos. Nos han confundido y la sociedad siente que los gestores han fallado. Pero las personas no cambian sentimientos por violencia. Detrás del ¡Nunca máis! no tienen cabida aquellos que siempre se escudan en el anonimato y en las multitudes para transgredir la libertad de los demás haciendo uso de su propia cobardía. La democracia cuenta con elementos a través de los cuales los ciudadanos podemos hacernos oir y mostrar nuestro desagrado, pero todas las opciones son legítimas en el marco de convivencia que representa nuestra Constitución.