Hay un amigo en mi casa

La Voz

VIGO

CAPOTILLO

Julia Chapela se levanta con los cooperantes, les prepara cada día el desayuno y la cena y ordena las habitaciones que les ha cedido «encantada da vida»

12 dic 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

En la nave en la que se coordina el voluntariado en Cangas se reciben llamadas de los lugares más diversos. Desde la Universidad Autónoma de Barcelona se ofreció un grupo de 200 personas; de la de Vigo, otro de 900. Técnicos en informática introducen los nombres, profesiones, teléfonos y disponibilidad en un listado, que ronda ya las 3.000 personas, sin contar los dos grupos citados. Hay otros voluntarios que se ofrecen para alojar en sus casas, hoteles o cámpings a los que llegan de lejos. Julia Chapela y Ramón Eugenio Entenza ofrecieron desde el principio dos habitaciones en el piso en el que viven de alquiler en el casco histórico cangués. La primera semana acogieron a tres jóvenes, de Valladolid y el País Vasco. Estos días están tres voluntarios de Logroño. El marido, jubilado, colabora en la construcción de las redes para cercar las manchas de chapapote. «Os de Logroño fan unha vida moi familiar, como se fora a casa deles. Os vascos choraban cando marcharon. Son como uns fillos máis», dice Julia Chapela. A la pregunta de si representa algún incordio para la familia acoger a personas desconocidas, responde rápidamente: «Ningún, estamos encantados da vida. Cando marchen estes, que veñan outros. Julia se levanta con los voluntarios poco después de las siete, les prepara el desayuno y ordena las habitaciones. Cuando vuelven, antes de acostarse, cenan y charlan entre ellos.