«¿Cómo es posible que el único barco de la Xunta esté estropeado y no nos hayan llamado para intentar arreglarlo?» dice uno de los encargados de la puesta a punto
07 dic 2002 . Actualizado a las 06:00 h.«Facemos o que podemos», señala Eugenio Fernández Vilar, uno de los doce mecánicos que forma parte de la intendencia de Cangas. Este equipo se encarga de reparar las embarcaciones castigadas por el oleaje y las rocas de Cíes. Sólo ayer hubo más de veinte averías. El día anterior se produjeron siete problemas en distintas barcas. Los solventan casi todos pero hay casos irremediables. «Ayer tuvimos el problema de un barco al que se le rompió la cola al pegar contra la rocas. No pudimos arreglarlo», señala Eugenio Fernández. El viernes apenas había seis voluntarios para reparar las embarcaciones. Ayer se duplicó la cifra. Todos son voluntarios. que trabajan en empresas auxiliares del sector naval e incluso en Citroën, como uno de los técnios de mantenimiento de la fábrica automovilística que pidió que le diesen libre el jueves para venir a ayudar. Los mecánicos voluntarios tienen que hacer frente a multitud de problemas. El más común es la entrada de fuel en los motores. «Lo más normal son los taponamientos, el chapapote hace estragos en los motores». Los percances más graves son las roturas de barcas al golpear contra las rocas. En el lugar donde trabajan los mecánicos el olor es nauseabundo. Hay que estar acostumbrados para poder aguantar horas sin marearse. Las llaves y otras herramientas se pasan de mano en mano. De vez en cuando se pone en orden qué utensilio es de cada uno. Hasta esta «ITV» de emergencia se ha desplazado Enrique Lago, representantre oficial para la provincia de Pontevedra de los motores Yamaha. Los mecánicos dicen de él que es una de las escasas excepciones en el mundo de los suministros para barcos que se ha prestado a colaborar con ellos. Enrique Lago ha llevado al puerto de Cangas a su equipo dispuestos a echar todas las manos que hagan falta. Ya son varios días de navegación contra unos elementos muy hostiles, y las sencillas embarcaciones de bajura se resienten.