LA GOTERA
29 nov 2002 . Actualizado a las 06:00 h.LA VERDAD es que el espacio es de lo más típico. Retorcido, desconchado, con medianeras a la vista y traseras donde colgar los paños íntimos a secar y todo ello alumbrado con farolas potsmodernas de diseño elegante. Así, como es Vigo, el Vigo íntimo y real donde el combinado de gaseosa de la tradición se adereza con el licor coloreado de la movida y la pimienta de la política de ocasión y oportunista. Le llaman calle como podrían llamarle avenida aunque no es más que una travesía con pinta de callejón donde antiguamente Quevedo se escondería a verter aguas menores y hoy lo hará algún colgado incontinente. Si yo fuera Londres me cabrearía con la miseria de espacio que la ciudad me dedica, pero como soy vigués de adopción me cabreo con que le dediquen este callejón a la capital inglesa en contrapartida a la que los londinenses le dedicaron a la Batalla de Vigo , que así llaman por allí al suceso de Rande, donde ganaron por goleada. Lo que sucede es que la economía de los isleños dejó el enunciado de la placa en street . Si aquí lo que se ha querido es buscar la concordia en la conmemoración de la derrota y hundimiento de los galeones no han acertado y, además, parece una burla. Una burla porque las víctimas y héroes de Rande no tienen calle ni callejón y lo de Vigo en Londres es una anécdota como lo es la existencia de Vigo Village , una pequeña ciudad marinera al norte de la capital, nacida alrededor de una taberna fundada por un soldado inglés al regreso de la batalla, a la que también bautizó con el nombre del lugar donde vivió la más importante gesta de su vida. En contrapartida, aún le debemos a los ingleses un poblado de chabolas o similar.