Seis establecimientos atienden al público en una zona donde viven más de 200 estudiantes; los propietarios afirman que será la zona de «mayor futuro» en Vigo
28 oct 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Llevan en la mano unos sobres de ketchup que se les olvidó comprar el día anterior. Ana Suárez y Lucía Vázquez, compostelanas que estudian primero de Traducción e Interpretación ya son compradoras habituales del Claudio situado en el campus. Cientos de clientes acuden cada día al nuevo centro comercial de Lagoas Marcosende, donde han abierto sus puertas seis negocios a pesar de que el complejo todavía está en obras y presenta dificultades de acceso. El barro y la niebla convierten al campus en un lugar hostil en esta época del año. Pero en la confortable residencia O Castro viven más de 200 estudiantes que deben cubrir sus necesidades básicas y por las aulas pasan miles de alumnos y profesores. Por eso nació la idea de desarrollar una Ciudad Universitaria donde cupiese el ocio. Esta idea, denostada en su día por la oposicion a Domingo Docampo, se abre paso entre las carretillas de cemento y los diferentes equipos de electricistas. El centro comercial tenía que estar abierto a principios de curso, pero en esa fecha solamente existía la panadería Marlo y la librería universitaria Michelena. En las últimas semanas se han ido incorporando otros inquilinos, la oficina de Caixanova, el restaurante Grumete, el supermercado Claudio y un kiosco de prensa. Pocos profesores Los primeros usuarios del centro comercial han sido los obreros que continúan con las obras y los habitantes de la residencia O Castro, a los que se han unido otros estudiantes y ya han empezado a aparecer vecinos de Zamáns, que no tienen otro supermercado más a mano. «Falta que vengan los profesores», comenta Matilde Zerega, que regenta el kiosco de prensa. El supermercado Claudio ya cuenta con un centenar de clientes diarios, según asegura Belén García, una simpática y jovial encargada que ha comenzado a trabajar en la cadena de distribución alimentaria en este establecimiento del campus. Lo que peor lleva Belén son los atascos mañaneros: «Hay mucho tráfico, entre los universitarios y los camiones tardas mucho en llegar». Claudio se ha adaptado a las necesidades de su joven clientela: muchos congelados y, en un lugar visible, los vasos de plástico de un litro para las fiestas en las que corren el calimocho y los cubatas. Este tipo de saraos se montan al aire libre, por que en la residencia están absolutamente prohibidos. El supermercado todavía no tiene carne porque no disponen de cámara frigorífica. Lo que más se vende son los precocinados, desde los salteados a las pizzas de Casa Tarradellas, pasando por los sanjacobos de Maggi. Los universitarios disponen en la residencia de microondas y no quieren complicarse mucho al vida en la cocina. Se trata de poder prepararse la comida en diez minutos, aunque «también hay estudiantes que compran lentejas y judías» para dedicarle un tiempo a los fogones.