«Allí estaba la autora, pequeñita, con ojos de lince, la cabeza como una veleta de giros rápidos, apretada la nariz a la barbilla como un pájaro orgulloso de su nido de colores...». Así retrató en tinta el genio de las greguerías, Ramón Gómez de la Serna, a Maruja Mallo, a quien llamaba «la bruja joven». Y es que muchas veces, demasiadas, en Galicia no sabemos lo que tenemos en casa. Mallo es la vanguardia europea, americana, y tan gallega como los poemas de Rosalía de Castro. Trató a los genios de aquella Residencia de Estudiantes madrileña, Lorca, Buñuel o Dalí, incluidos. En otro cuadro, Vida en plenitud , la artista dibuja sin querer un centro de mar sobre la mesa de un cuadro. Sus conchas están más vivas aún que las de los peregrinos auténticos que recorren el Camino a Compostela. Sólo por sus algas merece estar en la Historia Universal de la Pintura. Suyo es un enorme mural en el cine Ángeles de Buenos Aires, esa danza juguetona, que está recogido en la exposición. Entrañable es la foto con Neruda en la costa chilena. Era el año 45, en los meses que pintaba precisamente estas naturalezas vivas. Ahora tienen sus lienzos a tiro de paseo en el centro de Vigo. Huyan unos minutos de la centrifugadora del tráfico y no se pierdan este arte que respira.