Un barrio entero no tiene agua corriente en el Vigo del siglo XXI, mientras las autoridades locales esgrimen mil y una disculpas y promesas de futuro
31 ago 2002 . Actualizado a las 07:00 h.PASEABA EL otro día por el barrio de Saá, parroquia de Beade, cuando reparé en una mutación de la naturaleza. El agua, ese bien imprescindible, debido a su escasez en los grifos de los vecinos se había acorazado dentro de unas bolsas plásticas que crecían aquí y allá, mimetizándose con el paisaje de la zona mientras el paisanaje, como hormigas resignadas, portaban laboriosas la carga en la cesta de la compra diaria, a la espera de su repercusión en el IPC. Les veo arrastrar el lastre y recuerdo mi infancia cuando, durante los recreos escolares, se nos repartían cartones de leche comprados con ayuda americana, destinados a calcificar una dieta escasa... como el agua. Este fenómeno -convertir un bien público en una penitencia ciudadana-, es un hecho para el que los responsables de la gestión municipal están especialmente dotados afanándose por perfeccionarlo hasta el esperpento. Regresión en la prestación de servicios, que no en el cobro de los mismos y que constata lo que muchos vecinos de Saá ya intuían, que son doblemente periféricos. Beade lo es de Vigo y su barrio lo es de la parroquia. Geográficamente demasiado lejos del ayuntamiento, de la A. VV, de la sede social de la concesionaria del servicio y hasta de Dios. Si a ello añadimos los deficitarios servicios de correo postal y líneas de autobús urbano resulta comprensible que, salvo los medios de comunicación -tan necesitados en esta época veraniega de noticias de «escaso interés social»- los obligados por sus cargos a ocuparse de resolver los problemas de quienes costean sus sueldos, se hayan demorado en comprometer una solución cuyos plazos se ignoran. Hace 20 años la concesionaria instaló unas tuberías que hoy se muestran incapaces de un suministro suficiente. Prever el crecimiento demográfico y urbanístico de Beade (en cuyos términos se instalan, al menos parcialmente, el CUVI y el Parque Tecnológico), con el consiguiente aumento en la demanda de la cantidad y calidad de los servicios no parecía requerir la contratación del eminente proyectista Alwyn Toffler, bastaba con el sentido común, ese bien tan escaso entre nuestros responsables como el agua en el barrio de Saá. Manuel Soto se reunió con los vecinos afectados, se solidarizó con ellos, dudó de una pronta y efectiva resolución, omitió u olvidó mencionar que era Alcalde en la época en que tales conducciones de agua se acometieron y se alejó tan encantador como siempre. El concejal de la cosa dice que el problema obedece a un consumo excesivo y éste, al crecimiento de la demanda en la zona, con piscinas y riego para el jardín que colisiona, según la época, con el agua para el consumo doméstico. Y dice que todos son ciudadanos-consumidores y que tienen los mismos derechos que para eso pagan lo mismo. Y dice entenderlos a todos. Y yo, que no estoy obligado ni quiero ser políticamente correcto, le digo que entender a todos cuando existe un problema de tal gravedad no basta. Que el sediento no quiere que le entiendan, sino agua. Máxime cuando la paga. No mendigan los ciudadanos declaraciones de buenas intenciones, exigen soluciones. Entender a todos, en ocasiones, suele ser el inicio para no resolver nada. La AAVV se ha reunido por vez primera con los vecinos afectados el 20.08.02. Hasta entonces a los segundos les resultó imposible contactar con algún responsable vecinal debido a las vacaciones. Se entiende, estarían todos veraneado en un lugar donde el suministro de agua estuviese garantizado. ¿El Alcalde? Ni está ni se le espera. Demasiado ocupado en firmar la cesión de 95000 m2 al RC Celta. La masa social es numerosa, los votos también. Ocio y negocio reunidos. En Saá, tan sólo están sin agua. Siempre habrá fuentes y lavaderos cercanos y los vecinos haciendo uso de éstos bien pueden componer una estampa "enxebre" que impulse el turismo rural. Algún electrodoméstico se quema por falta de agua y genera un gasto doméstico extra. Pero éste no produce comisiones. En Beade, como se ve, no todo es el olor de los cerezos en flor y el sabor de sus frutos, también el proveniente de la falta de saneamiento en la mayor parte de la parroquia. ¡Ah!, mientras tanto, el IES de Beade aguarda silencioso la apertura del curso escolar y -se dice- sus cañerías secas reclaman agua.