«Nosa Terra» y la federación «Eduardo Chao» aseguran que no es un gesto de revancha sino «un acto de justicia democrática para los muertos y sus familias»
17 ago 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Víctimas El pueblo los denominó paseados . Sacados de la cárcel por agentes de la Delegación de Orden Público o de la Jefatura de Policía eran conducidos hasta la playa o abandonados en las cunetas. En 1936 seis vecinos de la parroquia de Alcabre fueron fusilados en el pinal de Fontes sin juicio previo, es decir, paseados . Se calcula que entre 1936 y 1939 murieron en Galicia más de 3.000 personas, víctimas del levantamiento militar. Acto conmemorativo La Asociación de Vecinos «Nosa Terra» y la Federación Gallega «Eduardo Chao» celebraron ayer un homenaje a las víctimas de la Guerra Civil Española. En el acto, el presidente de la federación, Fernando Seixo, se advirtió que no se trataba de una revancha, «sólo se pretende hacer justicia con los muertos». El director de Edicións Xerais tuvo unas palabras en recuerdo de las víctimas y calificó los acontecimientos de Fontes de 1936 como «una de las páginas más tristes de la historia de Galicia». Luchar contra el olvido es el objetivo principal de este tipo de actos, según Bragado. El cocelleiro de Xuventude, Santiago Domínguez, acudió en representación del alcalde, junto con otros representantes municipales del BNG. El edil ofreció un breve discurso en el que afirmó que el gobierno municipal «cree en los valores que defendieron los seis asesinados». Las hijas El acto estuvo cargado de emotividad, especialmente cuando Carmen Monrroy y Aurora Comesaña, hijas de paseados , depositaron dos ramos de flores ante el monolito. Carmen tenía doce años cuando se quedaron sin padre ella y sus ocho hermanos. «Se lo llevaron sin motivo y mi madre se quedó sola con nueve hijos», declara. Testimonio Tres miembros de la familia Comesaña murieron fusilados en 1936. Emilio, de 26 años, fue uno de ellos. Su hijo Tomé, que contaba dos años y medio de edad cuando ocurrieron los hechos, fue uno de los principales impulsores del homenaje. A lo largo de los últimos cuatro años ha luchado para que las víctimas de Alcabre «formasen parte de la historia». Señala que el monolito no es un homenaje, sino un acto de «dignificación de aquellos tirados a la cuneta como perros rabiosos». Recuerda a su padre como un hombre trabajador, implicado en la vida social de la parroquia y miembro de la directiva de una sociedad de agricultores. «Los mataron por tener ideas», afirma. Su madre se quedó viuda cuando contaba con 25 años de edad y vivió «aterrada» ante la idea de que al hijo le sucediese lo mismo que al padre. De su infancia, cuenta que disponía de 35 pesetas mensuales por horfandad y que los demás niños le pegaban por ser «hijo de un de un rojo ». Su abuela requirió los servicios de la Guardia Civil para evitar las continuas peleas y humillaciones, «los que sacaron a mi padre de casa para matarlo me tenían que proteger». En su memoria también permanece la historia de su prima. Cuando ella tenía siete años le llevaba todos los días la comida a su padre, preso en la cárcel del Frontón, en María Berdiales. Un día, regresó a su casa con la cesta del almuerzo intacta. Los oficiales le habían informado de que su padre ya no estaba allí. «Sabía lo que significaba, los paseados nunca volvían». A partir de ahora, el monolito recuerda a los «asesinados en la sublevación fascista» e impedirá que los hechos caigan en el olvido, algo por lo que Tomé lucha desde hace años. Su intención es poner «una memoria» en los lugares de Vigo en donde hubo víctimas, ayudado por personas en su misma situación. «Arrancaron el árbol pero no las semillas».