No sólo de pan vive el hombre, pero casi

RAMON CAPOTILLO VIGO

VIGO

Los horarios intempestivos y el duro trabajo hacían de la profesión de panadero una de las menos atractivas

17 may 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Ni los más osados detractores de Darwin dudarían al afirmar que el hombre primitivo dejó de serlo cuando allá por el Neolítico inventó el pan. Desde entonces esta manufactura del cereal se convirtió en el elemento imprescindible de la dieta humana. Ya su propio nombre nos refiere al dios romano Pan, protector de la casa y la familia, guardian de la existencia humana. En la religión católica el cuerpo de Cristo, se representa bajo la forma del pan. Y es que es tal la importancia de este alimento que en la Edad Media se podía privar al reo de cualquier cosa excepto del pan y el agua. Muchos de los levantamientos populares que se han producido a lo largo de la historia tuvieron su origen en la subida de los precios del pan. En nuestro lenguaje hay expresiones que hacen referencia -siempre en grado positivo- a tan apreciado producto. Así se dice que «es un pedazo de pan» cuando alguien es bueno, o que «está como un pan» cuando está bueno. Si algo se nos hace insoportable decimos que «es más duro que un día sín pan» y si queremos exponer las cosas claritas exigimos «al pan, pan y al vino, vino». El hombre, desde su origen, ha evolucionado comiendo pan, pero este apenas ha variado su «ADN» desde el principio de los siglos. Este es harina, agua y fermento. Al contrario que el producto, la profesión de panadero sí ha cambiado, y a un ritmo vertiginoso, sobre todo desde finales del siglo pasado.