El FC Porto tiene problemas para que su nuevo estadio esté listo en el 2004, pero el Real Club Celta tampoco le va a la zaga. El deseo de Horacio Gómez es que Balaídos esté totalmente reformado ese año y, a falta de dos, todavía no hay ni proyecto. Existen ciertos paralelismos entre el caso portuense y el vigués: los clubes presionan a los ayuntamientos; los alcaldes alegan que no hay dinero; se han proyectado estadios modernos que cumplan las normas UEFA y centro comerciales anexos para lograr ingresos complementarios, contando con la participación de operadores privados. La diferencia fundamental es que el estadio y los terrenos de Vigo son municipales. El Concello dice estar dispuesto a recalificar la parcela y cedérsela al Celta, pero acusa al club de falta de definición en su planteamiento.