Los peligros de pasarse de la raya

M. G. VIGO

VIGO

Piden seis años de prisión para un redondelano que llevaba menos de un gramo de cocaína en fin de año Un pequeño trozo de hachís y 0,892 gramos de cocaína pueden costarle a un joven redondelano sin antecedentes seis años de prisión y una multa de 27 euros. Esa es la petición del fiscal en el juicio contra Diego G. V. por un presunto delito contra la salud pública, que ayer quedó visto para sentencia en la sección quinta de la Audiencia con sede en Vigo. La defensa solicitó la libre absolución del joven por considerar que la droga era para su propio consumo. El tribunal desestimó una petición previa de la defensa de anular el proceso por indefensión del acusado, que no fue notificado de ninguna diligencia judicial.

12 mar 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Los hechos juzgados ayer tuvieron lugar el 1 de enero de 1999 en la discoteca Kailúa sita en el alto de la Encarnación, en Chapela. A la una de la tarde centenares de jóvenes seguían festejando el fin de año. La mayoría se mantenía despierto y activo gracias a la ayuda de sustancias ilegales. A algún vecino no le agradó ver cómo se esnifaban rayas de polvo blanco en un patio exterior del establecimiento y llamó en dos ocasiones al 091. Según explicaron en el juicio los dos agentes nacionales que detuvieron al acusado, vieron a Diego sentado frente a un bidón. Con ayuda de una navaja preparaba rayas de polvo blanco «y había una fila de cuatro o cinco jóvenes, con un tubito, preparados para consumirlas». Cuando la policía intervino todos los jóvenes que estaban en el patio corrieron hacia el interior de la discoteca. Los agentes relataron al tribunal que el propietario del establecimiento les impidió identificarlos: «Me empujó de manera brutal y luego me quería meter dentro para que la gente, en el estado que estaba, me rompiese botellas en la cabeza, me quitaran el arma me matasen», señaló el agente Gerardo R.G. Sin embargo, quien ayer se sentó en el banquillo de los acusados no fue el dueño de Kailúa, sino la persona que supuestamente estaba preparando las rayas. No huyó de la policía ni opuso resistencia, ni intentó deshacerse de la droga, sostuvieron los policías. Tras el altercado fue conducido al coche Z y allí lo registraron. Llevaba una bolsita con 0,892 gramos de cocaína del 80 % de pureza, un pequeño trozo de hachís, 13.000 pesetas, una pastilla de Tranxilium y tres navajas. Diego reconoció que era y es consumidor esporádico de cannabis y de cocaína. También dijo que se estaba haciendo sobre el citado bidón una raya de cocaína, para su consumo, y que había otros jóvenes a su lado haciendo lo mismo. Negó que estuviese vendiendo líneas de droga. No huyó de la policía porque tenía menos de un gramo y pensaba que el autoconsumo no estaba penado. Declaró al día siguiente de la detención en el juzgado, no contrató ningún abogado y hasta hace poco no se enteró de que estaba siendo procesado por tráfico de drogas: «Pensé que me acusaban de tenencia ilícita y luego me enteré que me acusaban de tráfico». La defensa se centró en demostrar que la cocaína era para autoconsumo y la fiscalía sostuvo que estaba vendiendo rayas a cambio de dinero. En este sentido, los agentes señalaron que vieron a los jóvenes de la cola entregar algún billete al acusado, pero no pudieron precisar cuántos ni de qué valor. Uno de ellos señaló que «era la primera vez en mi vida profesional que veía algo así». En la vista también declaró un amigo del acusado, Rolando M. Aseguró que cuando llegó la policía él también estaba a su lado haciéndose una raya y que no eran los únicos. Se libró de la actuación policial «porque eché a corre para dentro».