ALBERTO MAGRO TESTIGO DIRECTO Mantienen bloqueada la construcción de 4.000 pisos de protección oficial
15 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.CHO de la mañana. Dentro de una casa en la que las ventanas sólo sirven para dejar pasar el viento, los niños se preparan para ir al colegio. Al otro lado de las paredes de madera y plástico, los obreros comienzan a mover tierra con su estruendosa maquinaria. La escena, propia de la reconstrucción de Sarajevo, se repite cada día en Navia, en el Vigo del siglo XXI. Allí viven cinco familias gitanas. Son 28 personas, la mayoría niños, que se resisten a abandonar sus hogares. Están decididos a soportar la amenaza de las excavadoras que preparan la zona en la que se construirán 4.000 pisos de protección oficial. Su presencia, de momento, ha conseguido detener la marea de progreso que transformará sus destartalados hogares en pisos modernos. El cambio parece ventajoso. Pero el objetivo de las cinco familias es que la Xunta les ofrezca un terreno con cinco casas en las que vivir mientras se construyen los pisos. «Nos dijeron que nos darían 70.000 pesetas mensuales por familia durante cinco años para alquilar un piso mientras levantan los edificios, en los que tendremos una vivienda. Pero eso no nos sirve de nada. Nos dedicamos a la chatarra, y necesitamos un sitio para ponerlo todo [incluidos varios caballos y gallinas]. Pedimos un terrenito, poca cosa, para seguir sacando para comer», explica Adolfo Gabarres, casado con una de las cinco hermanas Conchado que viven con sus hijos en Navia. Se han puesto en manos de un abogado. Creen que él logrará un acuerdo ventajoso. De lo contrario, aguantarán. «Supongo que no nos aplastarán con las máquinas», añade otro de los residentes con una media sonrisa. Si la Xunta no cede, la última alternativa sería volver a buscar un piso en Vigo. «Mira -comenta decepcionado Adolfo Gabarres-, yo intente alquilar durante varios meses. Pero el racismo lo impidió. Por teléfono, todo bien, pero cuando un gitano se presentaba para firmar el contrato, de repente el piso estaba alquilado. Así es imposible».