Las excusas del perdedor

La Voz

VIGO

Si hay dos palabras que encrespan a Carlos Alberto González Príncipe son, por encima de cualquier otra, Guixar y Soto

29 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Al conflicto de la empacadora atribuye la pérdida de la alcaldía en 1995 y a su antiguo mentor político la repetición de la jugada cuatro años después. Y, ciertamente, algo de razón tiene. Príncipe logró la alcaldía en 1991 tras la dimisión de Manuel Soto por el veto de los concejales nacionalistas. En cuatro años hizo lo posible por crear un estilo propio, planificando lo que pretendía fuera una larga ocupación del sillón de la Praza do Rei. Pero el conflicto de Guixar, alentado por Cuiña y Pérez, desbarató sus planes. Una lista vecinal y otra del escindido Agustín Arca estuvieron a punto de lograr concejales, sumando unos 14.000 votos. De haber ido estos sufragios a la izquierda difícilmente habría ganado el PP. En 1999 su situación política era más delicada. Llevaba varios años guerreando con Abel Caballero y Carmela Silva, lo que había debilitado su posición interna. Finalmente se impuso en las primarias por una cómoda mayoría a María Xosé Porteiro tras un pacto de última hora con Mariló Cabaleiro. Escasa diferencia Ante el resultado Manuel Soto abandonó el PSOE y creó Progresistas Vigueses, principalmente con ex afiliados socialistas. Su campaña tuvo más éxito que las de Arca y Guixar: superó los 8.000 votos y se convirtió en concejal. A Príncipe le faltaron sólo 1.800, justo los que el BNG le sacó de ventaja y sentaron en la alcaldía a Lois Castrillo.