SALÍ DE CASA CON TODA mi buena voluntad. Pero el día se torció. Al sacar el coche del garaje me lo rayaron esas vallas blancas que nos protegen de las zanjas, porque el espacio que han dejado para entrar y salir está tan ajustado que prácticamente impide la maniobra. Bueno, pienso, mala suerte. Acabo de volver de vaciones, hoy es mi primer día... ¿No es suficiente? Pues no. Para llegar al chollo he de atravesar el túnel de Beiramar. Uno de los carriles está cerrado. Caravana. Peor lo ha tenido mi compañero que es de Pontevedra y me ha contado que el atasco para llegar a la ciudad olívica es monumental. Sigo circulando, no sólo yo regreso de vacaciones, se ve que son muchos más. Lo sé porque no dejan de tocar el claxon, pasan a toda pastilla por los semáforos en ámbar y gritan al peatón que cruza a diez metros del paso de cebra. ¡Qué bonito! Esta historia puede ser la suya. El día de ayer se puede resumir en este pequeño collage de fotografías. Tráfico en la carretera, tráfico en las tiendas... Cola en todas partes, menos en el pasillo que conduce a tu puesto de trabajo. Ahí todo son facilidades. OTROS QUE EMPIEZAN EL CURSO, Y NO ESCOLAR son los de Caixa Galicia en el Ayuntamiento. ¿Se acuerdan? Caixanova pierde el concurso para renovar su «feudo» y su eterno competidor (Caixa Galicia) se hace con el espacio... Lo dicho, desde ayer ya es una realidad y de suma expectación... Baste decir que, como ocurre con los artistas, llegó un camión para aprovisionar el escenario... A QUIEN HEMOS VISTO CONTENTO, como siempre todo hay que decirlo, es a nuestro gaiteiro más universal. CC se ha encontrado a Carlos Núñez en el Tatraplán, uno de los garitos más ruidosos del Orzán. Se ve que a Carlos le gusta disfrutar de la noche coruñesa, pero la verdad es que no le hacíamos en un local de hard rock, aunque en sus paredes haya un enorme «Hala Celta». Ataviado con gorra y, con su habitual jersey por los hombros, iba con un grupo de amigos. Eso, aprovechando el tiempo que aún tiene libre. Lo mejor es mentalizarse de que eso que llaman el síndrome post vacacional es una chorrada. Pensaremos que dentro de nada está aquí el verano del 2002. ¿Cuela?