CELTA / FINAL DE LA COPA DEL REY
30 jun 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Cuando apenas habían transcurrido unos minutos de partido, la euforia se desató en Castrelos, merced al gran gol marcado por Mostovoi. Nadie podía presagiar el trágico final que se avecinaba. El repliegue del Celta y los consecutivos ataques del Zaragoza acallaron al público congregado ante la pantalla gigante. Los dos goles maños sentaron como un jarro de agua fría. El tercero heló Castrelos. No había lugar a la indignación, porque la labor arbitral estaba siendo correcta. El público ni siquiera protestó el penalti pitado contra el Celta, aunque los silbidos surgieron por fin en la segunda parte cuando el colegiado se comió otro cometido sobre Juanfran. Entre trago de cerveza, mordisco al bocata y calada al cigarro -entre otras sustancias fumables- los minutos pasaban y el marcador no se movía pese a la presión del Celta. La secuencia emoción/decepción/emoción/de-cepción se sucedía cada vez con mayor intensidad. Según pasaban los minutos y el Celta desaprovechaba sus oportunidades, se iba convirtiendo en emoción/deseperación. Las lagrimas llegaron a medio minuto del final. El gol de Jordi trajo el desconsuelo colectivo. Los cañones de confeti quedaron definitivamente apagados. Se repitió la maldición. Esta nueva herida tardará mucho tiempo en cerrarse, al menos hasta que el Celta consiga su primer título.