Nacionalistas y socialistas han subido los impuestos y han privatizado muchos servicios
18 jun 2001 . Actualizado a las 07:00 h.BNG y PSOE no prometieron un parque temático llamado Colina Encantada. Es cierto que en eso fueron mucho más comedidos que el PP. Pero en su programa que se decían algunas cosas que, dos años después, deberían ruborizar a más de uno de sus dirigentes. Se trata de cuestiones con las que mintieron o bien con las que sufren amnesia. Una de sus promesas fue congelar ls impuestos y tasas municipales. Como mucho, subir el IPC. Pues bien, Castrillo y Príncipe aplicaron la mayor subida que se recuerda en el Concello de Vigo. Incrementaron un 17% el recibo de la basura, un 13% el del agua, un 13% el IBI y un 75% el de la construcción. Servicios Ya se sabe que no es lo mismo predicar (en la oposición) que dar trigo (en el gobierno). Esta teoría explicaría también que el PSOE anunciase la creación de sociedades mixtas para el agua y la basura o que el BNG dijese en la página 34 de su programa electoral: «Invertir paulatinamente a liña actual. Compre limitar o recurso á contratación externa e a concesión administrativa (privatización) optando pola optimización dos medios propios e pola recuperación progresiva para a xestión municipal dos servicios privatizados). Lo contrario ¿Qué han hecho? Han privatizado el servicio de la basura por otros 16 años (por cierto, en un proceso plagado de irregularidades), están a punto de dejar en manos de los socios privados Emorvisa y se han olvidado de los funcionarios en asuntos como la atención telefónica del Ayuntamiento, la limpieza de montes, la ejecución de multas, la dinamización del parque de O Castro, la limpieza de playas... Más. El gobierno local está a punto de privatizar el control de los servicios privatizados. Es decir, va a contratar a una empresa para que le liga cómo tiene que vigilar a las concesionarias. Y es que la creación de una unidad especial para controlar a Seragua, Vitrasa, FCC y las demás empresas que trabajan para el Ayuntamiento era una de las apuestas estrella de nacionalistas y socialistas. Con ella se llenaron muchos minutos durante la campaña electoral de 1999. En general, estas tres cuestiones (subida de impuestos, privatizaciones y falta de control de las concesionarias) reflejan un cierto fracaso en cuanto a la reorganización municipal que se prometió en su momento, sobre todo por parte del BNG. La grave situación económica del Concello (con una deuda por encima de los 20.000 millones de pesetas) no se le escapaba a nadie. Y quizá tuviera también la culpa de esa incapacidad para invertir la tendencia de los últimos años la política de personal. El concejal Xabier Toba vivió conflictos con los policías, los bomberos y el presidente de comité de personal de la CIG, Xosé Cabaleiro. Castrillo le relevó del cargo, poniendo en su lugar a Henrique Viéitez.