HONESTIDAD Y EQUILIBRIO

La Voz

VIGO

ROBERTO RELOVA CRÍTICA

26 may 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Mozart, un camino difícil, una arquitectura de bellísimas formas, perfecto equilibrio, aparente sencillez. Así es Mozart. Así es La Flauta Mágica. Si falla un pequeño elemento, el edificio se derrumba. La curiosa combinación de elementos que su autor presenta despista en todo momento, ya que en lecturas posteriores detectamos que la unidad teatral es maravillosa. Hay mensajes, claros y ocultos: claves del mundo femenino, la sabiduría, el reparto de buenos y malos, la luz del día y la misteriosa luz de la noche. Se trata de un gran viaje iniciático en el cual surgen preguntas desde el interior, desde tu propio interior. Es aquí donde alcanzamos a entender el drama mozartiano. Es el Mozart más interiorizado y del que emana una auténtica Luz de salud mental. La pasada noche en el teatro de Caixanova, la Ópera de Cámara de Varsovia nos ofreció, ante todo, honestidad y equilibrio. No me voy a cebar en punzantes detalles, tan de moda en algunos críticos que denotan su falta de cortesía, preparacion y mal gusto hacia las personas que dirigen y trabajan en el Centro Cultural Caixanova. A veces da la sensación que están pidiendo un puesto de trabajo «cultural» a la mencionada entidad, por no mencionar la manifiesta misoginia hacia las voces femeninas. Insisto en la honestidad de los visitantes de Varsovia. Nada estuvo fuera de lugar. Todo correcto. Pequeños desajustes, interesantísima puesta en escena que a mí me pareció bastante ingeniosa, delicada y que jugaba perfectamente con los contrastes de la acción y los símbolos de una posible Sabiduría. En cuanto a las voces todos respetaron el equilibrio. Pamina, la más interesante. Lírica, delicada, siempre buscando la línea del canto mozartiano. Aunque sorprendentemente el público no lo supo apreciar por lo que se escuchó en los aplausos finales. El resto de los cantantes nunca abusaron de los fortes gratuitos ni de absurdos protagonismos. Parecían estar llamados a cantar en contínuos pianos. Pero un poco más de riesgo no venía mal. A fin de cuentas, es La flauta. El riesgo y la sorpresa cuentan mucho. La orquesta colaboró siempre a que el espectáculo se desarrollase con equilibrio. Quiero destacar la entrega y envidiable profesionalidad que demostró todo el grupo, saliendo a escena como si fuese la primera vez. ROBERTO RELOVA es director del Conservatorio Superior de Vigo