DONDE DIJE DIGO...

La Voz

VIGO

MIGUEL Á. RODRÍGUEZ CONTRAPUNTO

19 feb 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

Churchill dividió la Política en dos grandes maneras de practicarla: para uno mismo y para los demás. Sin quererlo, sir Winston definió a la perfección el espíritu caníbal que envuelve las principales decisiones de la gestión local viguesa. Esta ciudad que dilapida políticos a velocidad de vértigo en lugar de catapultarlos, y que no repara en convertir al Congreso y al Senado en club de jubilados, bucea entre la incoherencia como pez en el agua. Vigo es capaz de satanizar al gerente de los armadores por discrepar «a destiempo» de la ubicación del futuro auditorio al pie de la flota de altura. Pero luego aclama a los políticos que aprobaron la misma reforma de la Travesía de Vigo contra la que ahora braman «a deshora». Nadie se altera por solicitar la rescisión de una adjudicación de mil millones en el párking de Urzáiz -aprobada hace menos de dos años- sin valorar las cuantiosas indemnizaciones que podrían derivarse para las arcas consistoriales. De nada sirven el centenar de sentencias que ridiculizan al urbanismo local, aunque las millonarias consecuencias de algunas bastarían para quebrar la hacienda municipal. Aquí se cambia el pliego del mayor contrato municipal (basura) con las plicas ya abiertas y el propio secretario municipal descalifica los informes técnicos sin que nadie pida responsabilidades. Vivimos en un lugar donde el mismo BNG que prometía diálogo se «olvida» de consensuar los grandes temas, el PSOE llena su boca de coherencia pero practica el antigobierno por sistema y el péndulo del PP oscila para vergüenza pública al son de no se sabe qué viento. Winston tenía razón.