Los vigilantes de la faneca

OLAYA F. GUERRERO VIGO

VIGO

ÓSCAR VÁZQUEZ

Los voluntarios de la Cruz Roja de Vigo ven pies de todos los tamaños aquejados de la molesta picadura No son rubios y altos ni se pasan el día luciendo el tipo en traje de baño, pero gracias a ellos las playas son un lugar seguro. Los voluntarios de la Cruz Roja que se pasan el verano en los puestos de primeros auxilios instalados en los principales arenales vigueses atienden cada día a numerosas personas que han sufrido picaduras de faneca. Éstas, junto con las lipotimias, son lo más frecuente en la jornada laboral de los socorristas que trabajan de junio a septiembre en las playas más concurridas de la ciudad.

27 ago 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

Los jóvenes voluntarios de la Cruz Roja trabajan durante todo el verano en esas pequeñas casetas de madera que hay instaladas en las principales playas de Vigo. Los seis chicos y chicas que atienden el puesto de Samil aseguran que su tarea fundamental es atender picaduras de faneca. También acude a ellos mucha gente que sufre lipotimias y niños que se han cortado en las piscinas. Aparte de las labores de primeros auxilios, los voluntarios hacen muchas otras cosas como, por ejemplo, informar a los turistas, recoger objetos perdidos y cuidar de los niños que no encuentran a sus padres entre el gentío y el maremagnum de sombrillas. Los socorristas se quejan de que este año el Concello no les ha instalado megafonía (la excusa es que se salía del presupuesto), y esto les impide encontrar a los niños y ancianos que se pierden en la playa. Otra de las novedades de este año, más positiva que la de no tener megafonía, es que se ha hecho un intercambio de socorristas entre varias ciudades de España. En la playa de Samil, por ejemplo, hay una chica de Lugo, Liliana, y dos voluntarios que han venido de Salamanca. Los jóvenes piensan que esta experiencia del intercambio es muy interesante y esperan que se repita los próximos años. Los seis chicos y chicas que componen el equipo del puesto de Samil se llevan estupendamente y están muy orgullosos de su trabajo. Si no fuera así, dicen, sería insoportable estar doce horas seguidas vigilando, de lunes a domingo, del 15 de junio al 15 de septiembre.