«Esté donde esté, moriré siendo del Dépor»

Fran fue el gran capitán del mejor Dépor de la historia y  puede presumir de ser el único que participó activamente en la conquista de los seis títulos del club

Fran, el día de su debut contra el Burgos
Fran, el día de su debut contra el Burgos

La Voz / Redacción

Hay personalidades que no precisan de un apellido para ser reconocidas allá por donde van. Es el caso de Fran. El menor de los hermanos González Pérez. El gran capitán del mejor Deportivo de la historia. La única persona que puede presumir de haber participado activamente en la conquista de lo seis títulos oficiales del club coruñés. Un futbolista del que Pep Guardiola, con quien ahora comparte vestuario en el City, escribió que «tiene el permiso, y al que lo niegue le pongo multa, de sentarse a cenar en la misma mesa con los mejores jugadores de banda izquierda que ha dado el fútbol español en toda su historia».

El hombre que más veces vistió la elástica blanquiazul y, probablemente, el peor tratado en ese pedestal de dioses del deportivismo. Pero eso no le ha hecho perder ni un ápice de amor y respeto hacia un escudo que portará siempre con orgullo, porque si algo tiene claro el 10 es que «esté donde esté, me moriré siendo del Dépor». 

-Treinta años hace desde que se enfundó por primera vez una elástica del Dépor. Tenía usted 17 años. ¿Cómo recuerda aquellos momentos?

-Pues fue vivir un poco como en un cuento. Mi hermano llevaba ya una temporada aquí y yo me vine. Estábamos en la pensión de Puri. Jamás me podía haber imaginado que iba a llegar hasta donde llegué. Tener a mi hermano aquí me ayudó mucho, porque me exigía lo inimaginable en los momentos más difíciles. Éramos dos críos de aldea aquí en la ciudad y conseguimos hacer realidad un sueño.

-Un sueño que para usted consistía en llegar a Primera, no más. Así y todo alcanzar el Deportivo le costó.

-Es que todo lo que vino después nunca podía haberlo imaginado. Y sí que me costó subir del Fabril, porque no entré ni en la primera remesa de futbolistas que subieron. Cuando [Luis Rodríguez] Vaz subió a varios, yo era el más joven y quizá me faltaba formarme un poco más. Pero llegó también mi momento. Solo tuve que tener paciencia.

 - ¿Cómo recuerda aquel partido contra el Burgos?

-No fue el debut ese ni soñado ni esperado porque lo pasé realmente mal. Tuve calambres, culpa de los nervios que se pasan por debutar. Pero estaba feliz.

-Meses después se consagró ya en el primer equipo.

-Pasé un verano duro. Entrenándome cada día. Sabía que me faltaba físico y que eso podía ser un hándicap para afianzarme en el Dépor. Competía con gente mucho más formada. Así que yo era consciente de que debía trabajar duro. Me costó llegar. Tuve que aguardar a que hubiera una serie de lesionados, pero tuve mi oportunidad y la aproveché. Fue el premio al trabajo duro.

-Fue protagonista de la época dorada del Dépor, pero antes hubo años en Segunda. ¿Cómo fueron?

-Durísimos. La Segunda era muy dura y, personalmente, me tocó soportar muchos marcajes individuales. Me seguían por todo el campo. Pero eso también me ayudó a crecer como futbolista. Éramos un equipo que jugaba muy bien al fútbol. Un conjunto alegre. Divertido. Y poco a poco vimos que Riazor premiaba ese buen juego con una asistencia de público cada vez mayor. La gente empezó a divertirse en Segunda y ahí se empezó a generar el gran ambiente de años después.

-En medio de ese deambular por Segunda, llegó la semifinal de Copa contra el Valladolid en 1989. ¿Sigue escandalizado?

-Evidentemente. Lo que nos pasó en Valladolid fue una vergüenza. Pero es lo que hay. Sientes gran impotencia, pero lo único que te queda es amargarte, pasarlo mal y esperar a que lleguen momentos mejores. Fastidió mucho porque el equipo empezaba a crecer de manera rápida. En Segunda éramos punteros y en la Copa nos hicimos un nombre, sobre todo, al eliminar a la Real de Toshack. Pero no hay más. Pasó y pasó.

-Sigue pasando el tiempo, se logra el ascenso y las novias futbolísticas aparecen en A Coruña. Real Madrid, Barcelona, Atlético...

-Tuve la suerte de que fueron muchos los que llamaron a la puerta. Tuve muchas oportunidades de irme, pero la única realidad es que seguí aquí. Y se pueden contar muchas cosas, darle también muchas vueltas, pero yo seguí aquí.

-Se reunió con Cruyff frente al estadio. ¿Costó mucho decirle que no?

-En aquel momento era un caramelito. Pero yo, como le decía antes, era un chaval de pueblo que se asustaba mucho con los cambios y en A Coruña estaba muy cómodo.

-¿Se ha llegado a arrepentir de no haberse ido?

-(Sonríe y se toma unos segundos antes de responder). Es la gran pregunta de siempre. No me arrepiento, no. ¿Cómo me voy a arrepentir con todo lo que he vivido ahí? Logré el sueño de cualquier niño y lo hice jugando en mi equipo. Esté donde esté, moriré siendo del Dépor. Lo que sucede es que, a veces, pienso que se ha cometido tanta injusticia conmigo... Han sido crueles. Ha habido gente que me ha tratado con crueldad, cuando yo he sido siempre muy honesto en mi trabajo. Se han dicho mil cosas sobre mí. Demasiadas mentiras. Que he podido equivocarme alguna vez, pues claro, como todo el mundo. Pero creo que ya lo he pagado bastante. No merezco la persecución de la que he sido víctima. Incluso dejé de ir a Riazor con mi hijo porque llegaron a faltarme al respeto. Eso es duro. Y, claro, luego veo cómo tratan en otros clubes como el Barça o el Madrid a sus exjugadores y siento cierta envidia y digo ‘pues a lo mejor me equivoqué quedándome’. Pero solo lo digo por esa injusticia vivida. Así que no. No me arrepiento.

-Se le acusa de estar a punto de descender al club a Segunda B.

-Otra gran mentira que no merece ni comentarla. Todo el mundo sabía que eso estaba controlado. Nunca iba a permitirlo.

 «Las lesiones se curan, los títulos perdidos no»

Aunque con posterioridad llegó a levantar seis títulos, a Fran nunca se le curó la herida producida por el penalti que erró Djukic el 14 de mayo de 1994 y que privó al Dépor de conquistar la Liga. Un dolor que no superó ninguna lesión.

-¿Qué tenía aquel Superdépor que no tuvieran otros equipos?

-Lo tenía todo. Mira que ganamos la Liga y tal, pero es el equipo que más me identifico porque era el equipo que surgió de repente, de la nada. E hizo felices a miles de aficionados de España. Fueron los años que más me divertí jugando al fútbol. Después disfruté un montón en la Champions, pero no sé, aquellos años del Superdépor fueron especiales. Lástima de aquella Liga, porque aquel equipo la merecía. Y cuando hablo del Superdépor, sé que nació en la temporada 1992-93, pero yo extiendo el éxito de aquel equipo hacia años anteriores. Aquella promoción contra el Betis. Sabíamos que estábamos abocados a sufrir y sufrir, ¡pero salvarnos de aquella forma! Por eso, cuando hablamos del Superdépor, yo siempre me acuerdo y me gusta hacer partícipe a toda aquella gente que compartió vestuario con nosotros.

-Después de las lesiones, ¿el penalti de Djukic fue lo más difícil que le tocó vivir en el campo?

-Sin duda fue lo más duro que me ha pasado. Las lesiones se curan, los títulos perdidos, no. He sufrido muchas lesiones, pero me hubiera lesionado otra vez más con tal de ganar aquella Liga. Era una generación que se la merecía muchísimo.

-Se ha hablado mucho sobre si lo tenía que tirar o no Djukic, ¿usted qué opina?

-Evidentemente, se puede especular. Tenía que tirarlo el que tenía que tirarlo. He visto a Maradona fallar penaltis. Los mejores futbolistas del mundo han fallado penaltis en finales de Mundiales. Forma parte de la grandeza que tiene el fútbol. Es lo que lo hace el deporte rey. Hablar a toro pasado de si lo tenía que tirar uno u otro es ventajismo.

-¿Algún jugador del Valencia le llegó a reconocer que venían primados?

-Todo se sabe. No hace falta ni hablar. Se sabe lo que hay y ya está. Un jugador no puede celebrar de aquella manera porque un equipo contrario falle un penalti. Si no le va ni le viene, ¿qué tiene que festejar? Que cada uno piense lo que quiera, pero no es para dar saltos de alegría cuando el rival falla si tú no te juegas nada. Pero hablamos de ese último partido... Y la Liga empieza a perderse en jornadas anteriores, cuando se fallaron otros penaltis, cuando se perdieron puntos contra equipos que acabaron descendiendo... Luego nos extrañamos de que Madrid y Barcelona ganen siempre. Es que siempre se obligan a ganar. Es la diferencia. Mientras ellos sufren un empate como si fuera una derrota, nosotros celebramos algunos como si fueran victorias.

-¿Faltó ambición en algún momento?

-Pues quizá por la historia. Éramos el Deportivo, un equipo que si mirabas atrás lo veías históricamente en Segunda. Y hubo momentos en los que, inconscientemente, puede que nos conformáramos. No hablo solo de aquel año, sino posteriormente. Tú ves las canteras de Madrid o Barça y están obligados a ganar desde niños. Así se acostumbran los futbolistas a exigirse. Nosotros no teníamos esa exigencia. A veces, la vida te da unas oportunidades que tienes que aprovechar sí o sí.

-Djalminha siempre dice que tenían que haber ganado alguna Liga más.

-Pues si miras los equipos que llegamos a tener, puede que sí. Pero a lo mejor no por conformismo. Hay más factores. Un conjunto como el Dépor no puede disparar a todas las competiciones. Si estás enganchado a la Liga no puedes competir en Europa, la Copa del Rey... Pero nosotros actuábamos así, a ver cuál podía caer. Y así era difícil que cayera alguna, porque la exigencia era máxima y acababas cediendo. Un problema del fútbol, en general, es también que no se ficha siempre de acuerdo a lo que quieres jugar. Creo que todos los clubes deben mantener una sintonía entre los futbolistas que fichan y la forma de jugar. En ocasiones se contrata mucha gente ofensiva y luego solo se pone en juego un delantero o dos. O viceversa. Para eso, mejor fortalecer otras zonas del campo. Traído al Deportivo, ¿cuántos partidos hemos jugado juntos Valerón, Djalminha y yo? Por mi manera de entender el fútbol me hubiera gustado jugar 20 partidos al año con Valerón, Djalma, Luque, Makaay y Tristán. Lo que no sé es si eso nos hubiera dado más títulos o no.

«El cuarto al Milan, una liberación tremenda»

Siempre fue más asistente que goleador, pero cada temporada Fran sorprendía con un buen puñado de goles que ayudaban al Deportivo a lograr sus objetivos. El Sevilla fue su mayor víctima en España. Lo batió en la Liga y en la Copa. Sin embargo, para el de Carreira hay un tanto que quedará en su memoria en el primer escalón del podio. Fue el que le hizo al Milan en aquella noche mágica en la que Riazor se abrió al mundo con una remontada épica que todavía es hoy recordada en la Europa de Champions.

«Lo estaba pasando mal. Realmente mal. Se empezaban a hablar cosas sobre mí. Me encontraba sometido a una gran presión y aquel cuarto tanto al Milan sirvió para sentirme más feliz que nunca. Fue una liberación de presión tremenda», explica. Un gol que sirvió para sellar una gran fiesta: «Aquel día fue mágico. Se creó un ambiente en el estadio que ya le gustaría a muchos de los mejores clubes de Europa tener. Y conseguimos una proeza que con el paso de los años te vas dando cuenta de lo importante que fue. Todavía hoy se recuerda, no solo en España, sino también fuera».

 «Hemos tenido grandísimos defensas»

Aunque su concepción de fútbol es ofensiva y apuesta por la creación en lugar de la destrucción, Fran se acuerda de los defensas a la hora de valorar las grandes figuras con las que ha compartido vestuario. No se atreve a dar un nombre único, pero recuerda que el Dépor tuvo grandísimos zagueros, aunque nunca tuvieran el mismo reconocimiento de los atacantes.

«No me gustaría quedarme con solo un jugador porque han pasado extraordinarios que podrían ser titulares en los mejores equipos del mundo, incluso hoy en día. En épocas diferentes, pero habrían sido importantísimos. He compartido vestuario con jugadores que hoy serían titulares en cualquier semifinalista de la Champions. Y entre ellos hay defensas. Porque hemos tenido grandes defensas, a los que quizá no se les ha reconocido en su justa medida».

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