Donato: «Cristiano Ronaldo me preguntó qué había hecho para jugar hasta los 40 si él pensaba retirarse a los 32»
TORRE DE MARATHÓN
«Aunque el objetivo es mantenerse en Primera División, este Dépor creo que puede estar entre los diez primeros», apunta el exjugador blanquiazul sobre el buen inicio de curso
25 sep 2026 . Actualizado a las 09:59 h.El que entra en Espacio Voz es un calco de aquel Donato Gama da Silva (Rio de Janeiro, 1962) que remató a la red los sueños de todo el deportivismo el 19 de mayo del 2000. Veintiséis años después de aquel testarazo que inició la celebración del título de liga, el histórico futbolista del Dépor sigue en A Coruña con su familia, viviendo relajado y cuidándose, como siempre. Es el protagonista de la segunda entrevista en el canal de Youtube de Torre de Marathón.
—Intuyo que sigue haciendo ejercicio.
—No, mucho ejercicio no, yo salgo a caminar prácticamente todos los días con mi esposa por la ría del Burgo, por Santa Cristina y a veces saco mi bici, que me gusta. Soy una persona a la que siempre le gustó el deporte y cuando estoy una semanita sin hacer nada, lo noto, en el peso y todo. También practico aikido.
—¿Aikido?
—¡Ay que dolor!, ¡Ay que dolor aquí!, ¡Ay que dolor aquí también! (ríe).
—¿Está siguiendo al Dépor?
—Sí, claro que sí, los últimos partidos contra Sevilla y Betis pude estar en el estadio y la verdad es que es un buen inicio de temporada, por lo que yo estoy con mucha alegría y ojalá que el Dépor siga ahí, haciendo buenos partidos.
—Siempre ha sido muy optimista. ¿Lo era también con este equipo tras ocho años sin competir en Primera?
—Han fichado muy bien y el Dépor tiene un buen equipo con el que podemos ilusionarnos. Pero la gente ya empieza a pensar en la Champions y yo creo que la liga es muy larga. Tenemos muy buenos jugadores, algunos que aún necesitan madurar y otros que están ahí dando el callo, como Villares y, sobre todo, Soriano, que es una persona que me encanta como juega. Aubameyang es un jugador con una experiencia tremenda, tiene 37 años pero es un guerrero y un goleador nato, un grandísimo fichaje. También Giménez, siempre opiné que el Deportivo tenía que tener una mezcla de veteranía con jóvenes.
—En su época era menos habitual ver a jóvenes de la cantera con los del primer equipo.
—Eso lo están trabajando bieny yo me alegro un montón por los jugadores que vienen de la cantera, que han estado ahí en Segunda y ahora tienen que demostrar su valía en Primera. La nuestra era una época distinta, pero eso depende del entrenador. Yo recuerdo que Toshack subió a Viqueira, Aira y alguno más, con los que tengo una foto en Valladolid, siendo el veterano entre los niños. Mucha gente piensa que para jugar al fútbol solo hay que golpear la pelota, y tal, pero hay que saber leer los partidos, competir y manejar los tiempos. Y para eso es muy bueno tener a veteranos enseñándole a los más jóvenes.
—Toshack estuvo a punto de propiciar su salida del Dépor en 1996, pero un partido en Betanzos acabó por ser decisiva.
—Sí, llegó un momento que empezó a echar todos los que él creía mayores. A mí me dijo que yo ya había dado todo lo que tenía que dar por el Deportivo,por lo que ya no contaba conmigo. Yo le agradecí que me lo dijese y le dije a un representante que me buscase equipo, pero tras un gran entrenamiento que hice en Vilalba, viene el míster y me dice: «Pensándolo bien, es mejor que te quedes». Pues yo encantado. En cambio, pasaban los entrenamientos y yo seguía apartado, con otros dos o tres futbolistas, que no nos daba ni para hacer un rondo. A mí eso me estaba afectando mucho. Y la semana que debutábamos en Liga contra el Real Madrid, hay un amistoso en Betanzos el jueves. Me mandan ir, por lo que di por sentado que ya no jugaría el sábado. Allí me ofrecieron el brazalete, pero no lo quise porque en aquel momento no tenía la cabeza para ser capitán. Empecé el calentamiento y me dije a mí mismo que yo tenía que respetar mi nombre y que debía darlo todo en aquel partido. Marqué un gol desde el medio del campo e hice un partidazo. Al día siguiente, en el entrenamiento, viene Toshack y me dice: «¿Quieres jugar mañana?». Yo pensé que estaba de broma, pero luego me dio el mismo peto que a Fran y a Mauro, por lo que ya confirmé que iba a ser titular contra el Madrid. Al final de aquella temporada, el míster me dijo que me había ganado la renovación y seguí siete años más.
—La de Giménez es una llegada a A Coruña similar a la suya, a la misma edad y procedente del Atlético de Madrid. ¿Generó usted tanta expectación?
—No, para nada. A mí me ficharon con 30 años y ya decían que yo era mayor y que venía lesionado. Era todo mentira. Yo tenía un contrato de dos años, con opción a tres, con el Atlético de Madrid, pero decidí no firmarlo y venir para aquí. Tras eso, Jesús Gil inventó un montón de historias. Así que yo creo que son situaciones diferentes, aunque sí se podrían comparar en términos de veteranía.
—¿En esta época sigue siendo posible que un equipo que viene de abajo llegue a competir contra los mejores?
—Yo estoy mirando la Liga y yo pensaba que iba a ser mucho más complicado. Viendo al resto de equipos, el Dépor creo que puede estar entre los diez primeros. El objetivo es mantenerse en Primera, claro, pero me parece que hay un gran equipo, y además estamos acostumbrados a sufrir. Tenemos un grandísimo entrenador, no es nada fácil controlar un vestuario con tantos jugadores que pueden entrar al campo, y él lo está controlando muy bien. Debemos apoyarlo mucho más, porque no es nada fácil lo que está consiguiendo.
—¿Sigue lamentando aquella oportunidad perdida contra el Valencia para ganar la Liga, o los títulos de después hicieron que superase aquella frustración?
—Desde que llegué a España, estaba loco por ganar la Liga. Y estábamos muy cerca, tras una temporada perfecta. El míster (Arsenio Iglesias) nunca me había sacado y decidió hacerlo faltando once minutos, cuando yo era el lanzador. Claro que lo tengo clavado en la memoria. Todo lo que ocurrió aquel día. Recuerdo que el Barcelona iba perdiendo 0-2 y en Riazor se cantaba «¡Campeones, campeones!». Eso relajó a muchos compañeros y yo les decía que necesitábamos ganar. Justo al ser sustituido, además, tenemos una falta al borde del área. Yo había marcado la semana anterior de falta en Logroño, pero ya estaba en el banquillo. Y poco después, el penalti. No te miento si te digo que estuve toda la semana lanzando penaltis a la izquierda del portero, porque había visto que González había parado un penalti contra el Valladolid amagando que iba a la izquierda y saltando luego para la derecha. Tenía muy claro que, pasase lo que pasase, lo tiraría ahí. Se lo intenté gritar a Djukic, pero nada. No obstante, no diría que es una espina clavada, sino que es una historia que se contará toda la vida. Nunca se va a poder apagar la historia del Superdépor, podrán venir nuevos éxitos, pero esa ya serán otras historias.
—Al año siguiente se toman la revancha contra el Valencia en la Copa del Rey. ¿Cómo fueron el domingo y el lunes, los dos días que pasaron entre los primeros 79 minutos y el final del partido?
—Fue muy raro, todo. Nosotros teníamos una sensación de venganza como si la culpa de lo de la temporada anterior fuese suya, cuando había sido toda nuestra. Se decidió parar el partido por el granizo y, desde ese momento, tenía claro que ganaría el equipo que más mentalizado saliese a la reanudación. Así que le pedí al míster ir a disputar el saque, para demostrar que queríamos ganar a toda costa. Gané el saque y justo después ya fue el gol de Alfredo. Fue fantástico ganar aquel título, ver la recepción de la gente y toda la alegría de la ciudad. Lo que vivimos aquí no tiene precio.
—Jugó hasta los 40 años y mantiene récords de veteranía, y eso que el cuidado del futbolista era muy diferente entonces, sin luces rojas ni cámaras hiperbáricas...
—¡Si llego a tener de eso, juego seguro hasta los 45 años! Yo siempre me cuidé y apenas salía de noche, pero tampoco seguía dietas ni una nutrición estricta. A lo que le daba mucha importancia era al entrenamiento. Siempre me gustó correr 30 o 35 minutos. En Brasil se hacía mucho, por la sierra o por la playa, y aquí en cambio nunca se hacían más de quince minutos de carrera continua y alrededor del campo. En las pretemporadas, además, siempre me preparaba desde dos semanas antes, y eso me sirvió para no lesionarme nunca en verano. Al final, jugar al fútbol siempre ha sido mi pasión, yo dentro del campo me transformaba. No obstante, no llegué solo por cuidarme, también por aprender a leer los partidos, donde iba a caer cada balón, cuando debía echarme la carrera...
—He leído que incluso Cristiano Ronaldo le pidió consejo para seguir jugando hasta los 40 años.
—Sí, esa fue una buena anécdota (ríe). Lo conocía en Valdebebas, porque había ido a ofrecerle un tema a Kaka. Él estaba en el gimnasio, con las pesas y vino a saludarme cuando me vio. «¿Cómo es posible que jugases hasta los 40 años?, Yo creo que a los 32 ya no voy a poder más», me dijo. Yo le dije que si tuviese su cuerpo jugaría hasta los 45 años, que aprovechase y que siguiese jugando todo lo que pudiese, porque yo acabé a los 40 y seguia con ganas. Nos vimos más veces y siempre se paró a hablar conmigo, que no es algo muy normal. Me gustaría verlo ahora y recordarle aquella anécdota, porque él estaba convencido de que se retiraría pronto.
—¿Guarda mal sabor de boca por su salida del Dépor?
—Sí. Ese sentimiento se quedará para siempre, porque después de diez años en el club, me llamaron para decirme que no contaban conmigo cuando solo quedaba una semana de vacaciones. Creo que ahí el presi y el míster no fueron justos conmigo, porque hicieron todo lo posible para que yo no cumpliese el 50 % de los partidos que me daba la renovación automática. Sentía que era un problema para el Dépor. Había seis centrales en el equipo, parecía que cada verano llegaba alguien para que yo me fuese, pero siempre acababa jugando. En cuanto a la despedida, yo tenía preparado un comunicado para la prensa tras el partido, pero vino el míster y me dijo que no había nada decidido. Entonces, preferí no decir nada. Me fui de vacaciones y a falta de una semana para volver, cuando ya estaba entrenando, me lo comunicaron. Me dijeron que querían renovar el equipo, pero solo me despidieron a mí. Fue duro.
—Su último partido fue simbólico. Frente al Espanyol, el rival de la Liga, y contra Clemente. ¿Fue el entrenador con el que peor lo pasó?.
—Sí, y eso que ahora me llevo muy bien. Ya empezamos mal en el Atlético de Madrid. Él le decía a Jesús Gil que yo servía para atacar, pero no para defender, y eso que mi fuerte era la defensa. Conseguí la nacionalidad española en 1990, pensando que podría ser internacional y, resulta que cuando lo echan del Atlético, toma el mando de la Selección. Ahí ya supe que iba a ser muy difícil que yo jugase con España. Fueron años en los que la gente cantaba «¡Donato, selección!», y no había manera. Que acabase yendo fue un milagro. No fui al Mundial de 1994 y ya lo daba por imposible, pero me llamó para la clasificación a la Eurocopa unos meses después. Cuando me empezó a preguntar la prensa, pensé que era una broma. En cambio, siempre estoy preparado para aprovechar las oportunidades y en aquel partido contra la Dinamarca de Laudrup marqué el gol y la afición coreó mi nombre. Nunca me había sentido tan acogido como en aquel momento por los jugadores y el público. Marqué también en los dos siguientes partidos que disputé.
EN CORTO
—¿Cuál fue su mejor momento en un campo de fútbol?
—Si puedo decir dos, cuando ganamos la Liga con el Dépor y el debut con España.
—¿Y el más doloroso?
—El del momento de Djukic y el perderme la final contra el Real Madrid por lesión.
—¿Estuvo alguna vez muy cerca de fichar por otro equipo?
—Pues te voy a contar algo que no mucha gente sabe. Me enteré ya retirado. Vino una persona a protestarme porque yo no había querido ir al Real Madrid en la época de Mendoza, cuando era jugador del Atlético de Madrid. Ya se había hablado con los capitanes y estaba todo cerrado con el presidente. Pero yo no sabía nada.
—¿La celebración del Centenariazo o la de la Liga?
—Me quedaría con la Liga, porque era mi sueño desde que llegué a España.
—¿Cuál fue el compañero con el que mejor se ha entendido?
—Mauro Silva, porque con él viví diez años y formamos una amistad muy fuerte.
—Ahora deberá elegir uno: ¿Bebeto o Mauro Silva?
—Como jugador, Bebeto, que es un ídolo. Como compañero, Mauro, porque con él pasé más tiempo.
—¿Rivaldo o Djalminha?
—Me quedo con Rivaldo. Djalminha era la magia, pero Rivaldo era productivo en todos los campos a los que íbamos. Fue uno de los mejores 10 de la historia.
—¿Naybet o Djukic?
—Naybet, porque fue mi compañero en la defensa, que con Djukic no llegué a compartir pareja de centrales.
—¿Luis Aragonés o Arsenio Iglesias?
—Siempre digo lo mismo: como entrenador, el mejor fue Luis Aragonés. En toda mi carrera. Arsenio es como un padre, pero el mejor fue Luis.
—¿España o Brasil para vivir?
—Estoy muy contento en España. Amo Brasil y lo siento mi país, pero hay menos seguridad y aquí se vive más tranquilo.
—Tuvo varios trabajos antes de dedicarse al fútbol... ¿Se le daba mejor vender paraguas o ser cerrajero?
—Cerrajero, sin duda, porque vender paraguas en Rio de Janeiro es muy complicado (ríe).