El club incorpora a un central de jerarquía y con experiencia en Europa, al que el Cholo Simeone definió como «un jugador de un corazón enorme»
05 sep 2026 . Actualizado a las 17:34 h.El 17 de noviembre del 2012, José María Giménez de Vargas (Toledo, Uruguay, 1995) debutó con el primer equipo del Danubio, club en el que se formó. El nuevo fichaje del Deportivo cumplió entonces el sueño por el que tanto había luchado: tuvo que hacer frente al embarazo adolescente de su hermana y a una operación de riesgo de su padre; consiguió salir adelante.
Nacido en el seno de una familia humilde, más de una vez se le pasó por la cabeza renunciar a su meta, pero Daniel Martínez, entrenador que coincidió con Josema en las inferiores del conjunto blanquinegro, lo convenció para que no desistiese. «Es un sacrificio que al principio te agota muchísimo, pero la constancia y las ganas de dedicarme a este deporte me permitieron llegar hasta aquí», contó el de Toledo en una entrevista concedida a El Mundo en el 2019.
Pocos meses después de su estreno profesional apareció en escena el Atlético de Madrid, que apostó por su fichaje para reforzar la retaguardia del proyecto de Diego Pablo Simeone. Hizo las maletas y cruzó el charco con la ilusión de hacer carrera en Europa. La extrema competencia con su compatriota Diego Godín, Toby Alderweireld y Joao Miranda le negó oportunidades en su primera campaña, en la que solo disputó dos encuentros en aquella 2013-14. El conjunto colchonero ganó la Liga y a punto estuvo de levantar la Champions.
Importante en los éxitos
El golpe de Lisboa provocó una reestructuración en el plantel y Giménez dio un paso al frente. Ahí empezó una historia —en las que las lesiones también han sido actores principales— que acabó convirtiendo al uruguayo en capitán y que se ha prolongado durante más de una década, hasta que el mercado le ha puesto punto y aparte.
A orillas del río Manzanares, el Vicente Calderón encumbró a Josema como uno de los mejores defensas centrales del Viejo Continente. El propio futbolista encontró en el Cholo a un segundo progenitor, y el técnico vio en el chico a un alumno comprometido y que encajaba a la perfección en su idea de juego. Juntos formaron parte de una de las épocas más brillantes de la historia de la entidad rojiblanca.
«Sabemos lo que nos da Giménez. Es un jugador de un corazón enorme que a veces juega al límite. Cuando logra tener continuidad, el equipo lo siente inmediatamente, porque contagia a todos sus compañeros», apuntó hace unos años el preparador porteño. El charrúa no tardó en acostumbrarse a las grandes noches europeas: coleccionó triunfos ante rivales de gran entidad como el Bayern de Múnich, el Chelsea y el Liverpool. En el contexto nacional, el Atlético se instaló en la zona noble de la clasificación, pero solo logró conquistar un título liguero —junto con el de la 2013-14, en la que apenas jugó—, el del curso 2020-21. Antes, con solo 24 años, había afrontado el reto de tomar el relevo de Godín, quien partió hacia Italia.
Sin embargo, la trayectoria del ex del Danubio como rojiblanco no ha sido un cuento de hadas. Los problemas musculares lo han lastrado, sobre todo en las temporadas más recientes. Desde que conquistó la Primera División, ha sufrido, sin contar las constantes recaídas, 16 lesiones. Eso sí, no le han impedido entrar las páginas doradas del club. Le queda clavada la espina de la final de la Champions perdida en los penaltis ante el Real Madrid, que vio desde el banquillo.
Trece campañas y 384 partidos después, el Comandante se marcha cedido con dos Ligas, una Europa League, una Supercopa de Europa y una Supercopa de España bajo el brazo. Un palmarés a la altura del legado que deja en una institución que deberá acostumbrarse a su ausencia. Cuti Romero parece un recambio de garantías.
Capitán general en Uruguay
Josema Giménez dejó huella en el Atlético de Madrid, pero también ha sido —y es— de vital importancia para la selección nacional de Uruguay. Se ha erigido como líder y capitán del equipo, desde que heredó el brazalete tras la marcha de grandes referentes como Luis Suárez, Edinson Cavani y el propio Godín.
Difícilmente olvidará el día de su primer encuentro como internacional. Fue en el 2013, en una jornada de clasificación para el Mundial 2014. No contaba con jugar, hasta que el seleccionador Óscar Washington Tabárez le informó que sería titular. «No me gusta poner nervioso a nadie, pero va a ser un partido bonito. Lo único que te digo es que disfrutes y hagas lo que sabes», le comentó el estratega en la previa. El defensor cuajó un partido de altura y se ganó los halagos de la prensa uruguaya. «Cuando llegué a casa caí en lo que había pasado», relató meses más tarde el protagonista.
Con cuatro copas de América y otros tantos mundiales a sus espaldas, le queda solo un duelo para alcanzar las 100 apariciones. Una marca nada desdeñable. Su estatus fue el que provocó que Marcelo Bielsa lo convocase para el reciente Mundial de Estados Unidos, México y Canadá, pese que pasaba por un mal momento físico. No saltó al campo, pero lideró al grupo desde fuera.
Ahora cambia la capital de España por el noroeste del país; en A Coruña aterriza un futbolista con experiencia y jerarquía. Llega cedido con opción de compra a un recién ascendido, atraído por el ambicioso proyecto. «La plata es solo un número. Nosotros solo jugamos», dijo Josema Giménez en la entrevista mencionada anteriormente. Si las lesiones le respetan, dará que hablar en Abanca Riazor.