Por detrás en el marcador, perpetró una segunda parte vacía de ideas en la que no tiró a puerta hasta el descuento para desesperación de la hinchada
09 mar 2026 . Actualizado a las 00:32 h.Bil Nsongo filtró una bola en el área chica y allí la recogió Samuele Mulattieri para estrellarla en el cuerpo de Luca Zidane. A punto estuvo el Dépor de perder por un solo gol. Eso fue todo a lo que pudo aspirar el conjunto coruñés en el mayor ejercicio de impotencia de una campaña en la que no faltan citas de tono gris entre las que elegir. Para elevar al tope de la mediocridad la visita del Granada se mezclan como atenuantes un oponente con pocas ganas de fútbol y un colegiado dispuesto a dejar hacer. Como agravante: la ausencia de ideas para arrinconar al menos a un adversario que salió por delante del primer tramo.
Nadie teme ya jugar en Abanca Riazor, donde la presión solo atañe últimamente al anfitrión. No ayudan, seguro, los silbidos cada vez que el equipo decide masticar la jugada, entreteniendo el cuero en su propia mitad; pero esos pitos encuentran coartada en lo que sucede una vez que la jugada progresa hacia terreno rival. «Hemos sido demasiado planos», admitía en caliente Antonio Hidalgo para la televisión. Venía de escuchar, por tercer choque consecutivo, el «vete ya». Al contrario que frente al Eibar y a la Real Sociedad B no encontró amparo en el resultado ni en la irrupción de un fabrilista importado de Camerún. Bil aportó la misma chispa que en Zubieta, pero nadie se encendió con él.
El dato de posesión del segundo tiempo (72 %) podría enmarcar un asedio, pero nada que ver. «Llevamos el balón a tres cuartos y a partir de ahí no ha pasado nada», reconocía el míster. Poco antes había intervenido Riki sirviendo un razonamiento similar. «Estuvimos precipitados y desajustados», lamentó el único mediocentro fijo en los planes del entrenador. Esta vez lo acompañó tres cuartos de hora José Ángel Jurado y otro tanto Charlie Patiño. Al primero también le dedicaron algún silbido por la parsimonia al combinar. El segundo fue tan bien acogido como siempre; sin embargo, no trascendió. 93 % de acierto en la distribución, sin que tanto envío bueno rompiera líneas del rival.
Por fuera, con Yeremay observando en el palco, nadie desequilibró. La incursión más peligrosa fue de David Mella en su única intervención como lateral. Balón largo de Mario Soriano y muchos metros para que el de Teo pudiera correr. La jugada acabó en lesión. Un percance más preocupante al sumarle la pubalgia del canario y la dilución de Luismi Cruz. Arriba, de nuevo un desfile de arietes sin gol entre los que aún destaca más el hambre del chico del filial. Ningún elemento en estado de gracia en un Dépor que se dejó ir.
«Hemos hecho un partido malo», certificó el míster, aferrado a su mantra impepinable: «Estamos dentro del objetivo marcado». Recordó luego que «Samuele tuvo un mano a mano al final». El del 1-2, en el 100.