Del «Hidalgo vete ya» al «Hidalgo quédate», Bil Nsongo cambia el sonido ambiente de Zubieta

TORRE DE MARATHÓN

Bil Nsongo, en el momento de chutar a puerta para hacer el 2-2
Bil Nsongo, en el momento de chutar a puerta para hacer el 2-2 LOF

El fabrilista rescató al Dépor más inoperante, convertido en último recurso del entrenador frente al filial de la Real Sociedad

01 mar 2026 . Actualizado a las 19:20 h.

Llegó Antonio Hidalgo a Zubieta enfadadísimo con la energía y, a juzgar por su rueda de prensa, no abandonó San Sebastián de un talante mucho mejor. Y eso que el Deportivo elaboró un ejemplo pintiparado del primer principio de la termodinámica. Para los de letras: la energía ni se crea ni se destruye, solo sufre una transformación. Bil Nsongo, último reducto del Fabril entre los mayores, funcionó esta vez de catalizador. El camerunés supo alterar en menos de diez minutos los deseos de la grada para el míster. Del «vete ya» que no esperó siquiera al 2-1, al «quédate» que saludó el 2-3.

Con un resultado y otro, el fútbol blanquiazul permaneció constante: plano, en general. Tanto que el filial donostiarra, poco amigo de amasar la bola, dominó el cuero hasta que se vio en inferioridad. Cerró la primera parte con un 55 % de posesión de la pelota, pese a que durante ciento veinte segundos no la olió. El tiempo que medió entre un saque de banda de Giacomo Quagliata a media altura del campo contrario y la pérdida del italiano exactamente en el mismo lugar. Lo sucedido del minuto 11 al 13 retrata razonablemente bien la propuesta coruñesa, mucho mejor sobre el papel de alineaciones que durante la ejecución.

Se pasó el Dépor treinta veces el balón antes de perderlo. Casi siempre, hacia atrás o en horizontal. Empezó Zaka cediendo a Stoichkov con el pecho y este se lo entregó a Loureiro ya en terreno propio. Del central, al meta, en lo que pareció el comienzo de una de esas composiciones sublimes a varios toques, como la que inauguró el curso en Los Cármenes. Poco queda ya de aquel conjunto prometedor. Ante la atosigante presión del Sanse, Mario Soriano y Riki, los dos peloteros que Hidalgo juntó en la medular, fueron alternándose como desahogo; siempre muy lejos de zonas comprometidas. Si ambos alcanzaron el intermedio sin un solo error en la entrega fue también porque la mayoría (32 de 44) se produjeron del lado inocuo de la divisoria.

En la serie de envíos más larga del encuentro, solo hubo uno en largo y no se había generado ninguna ventaja cuando David Mella trató de abrir hacia Quagliata y el italiano perdió el esférico a centímetros de donde lo sacara treinta pases atrás. Había intervenido todo el Deportivo excepto Luismi Cruz; novedad en el once y primero en abandonarlo cuando la cita se enrevesó.

Entraron más centrocampistas sin que el aspirante al ascenso lograra discutirle el mando al filial; se recurrió a variar el punta, sin lograr comprometer de nuevo al tembloroso Aitor Fraga; y, finalmente, el técnico optó por el único ariete extra a su disposición: el fabrilista Bil Nsongo llevaba un mes sin participar. Salió bendecido por la expulsión de Mikel Rodríguez y en el 83 cazó un despeje horrible, bailó a Luken Beitia y colocó la bola en la red con el interior. «El gol es un espaldarazo a la cantera», sostendría luego su entrenador. También lo fue para él, señalado desde la grada hasta que Soriano abrochó el triunfo. «No me gustó la energía después del partido con el Eibar. Parecía que habíamos perdido y no puede ser», lamentaba antes de viajar a San Sebastián. La energía sigue ahí, pero Bil tiene un efecto transformador.