El Deportivo recibía en Abanca Riazor al Eibar, el peor visitante de la categoría en cuanto a números, tras la contundente derrota sufrida en Castellón hace escasos siete días. Antonio Hidalgo introdujo cambios de manera obligada, como el de Sergio Escudero por el sancionado Giacomo Quagliata, y otros tácticos, desencadenados por la entrada de Diego Villares en detrimento de José Ángel Jurado. De esta manera, Mario Soriano pasó a ejercer como interior en un 1-4-3-3 con alguna variante: laterales partiendo cerca del carril central y Riki posicionado como ancla para limpiar la salida de balón blanquiazul.
Pese a ello, solo se produjo algún centro lateral con el que se generase peligro, que en ataque posicional apenas apareció. Hemos de destacar que no es una especialidad en la que el Dépor suela prodigarse, siendo el duodécimo equipo en cuanto a centros exitosos en Segunda.
Durante los primeros 45 minutos, me quedaría tan solo con la gran jugada personal de Soriano, que dejaba en bandeja a Zakaria Eddahchouri el 1-0. Poco bagaje ofensivo en casa para un conjunto que aspira al ascenso, incapaz de superar el bloque medio-alto propuesto por los armeros en demasiadas ocasiones.
Pero el problema no es único y exclusivo en cuanto a generación. La falta de solidez defensiva de los de Hidalgo puso al equipo contra las cuerdas a pesar de que las líneas herculinas se hundían en bloque bajo. Dicha falta de solidez tampoco ayuda a la hora de transitar, pues el equipo recupera el balón especialmente desestructurado.
Me gustó el intento por cambiar un sistema que no estaba funcionando para entregar el carril izquierdo a David Mella, dar salida con tres centrales e intentar adelantar así la posición de Riki con posesión. Sin embargo, el hándicap de colocar a Yeremay, tu jugador más diferencial, fuera de su zona de influencia aparecía a escena. Y es que los roles ofensivos-defensivos, algo que ya hemos comentado con anterioridad, no deben variar demasiado: obligan a un esfuerzo extra tanto físico como conductual al jugador, que acabó desesperado (y expulsado).
El Deportivo se llevó los tres puntos siendo timorato en su planteamiento de nuevo y, lo que es peor, sufriendo lo indecible defensivamente.