La bronca se comió al fútbol y el Dépor se fue sin marcar ante el Racing de Santander

Iván Antelo A CORUÑA

TORRE DE MARATHÓN

El fallo de Stoichkov en el mano a mano con Jokin Ezkieta que pudo significar el empate.
El fallo de Stoichkov en el mano a mano con Jokin Ezkieta que pudo significar el empate. César Quian

El cuadro blanquiazul volvió a dejar en evidencia su debilidad en las áreas al conceder un gol por un despiste y perdonar varios para remontar

26 ene 2026 . Actualizado a las 01:17 h.

El Deportivo tiene un problema en las áreas. Un detalle que lleva semanas penalizándole y que impiden que, al menos a día de hoy, pueda estar en zona de ascenso directo. Como en Andorra o en Las Palmas, o incluso en partidos ganados como el de Almería, volvió a fallar ocasiones muy claras. Es verdad que ante el Racing tampoco hubo un excesivo volumen hasta la media hora final, pero las malogradas por Stoichkov y Patiño, este en el 96, son de esas que duelen y que recuerdan a otras recientes.

Los argumentos, puestos sobre el mantel, parecían servir una bacanal de goles y fútbol ofensivo en el duelo de la jornada. Los cántabros llegaban a Abanca Riazor con 49 goles a favor (el que más) y 32 en contra (el cuarto que más encajaba). Y el Deportivo también ofrecía buenos antecedentes que ahondaban en esa teoría, con 37 tantos marcados y dos meses sin dejar la portería a cero. Todo eso, envuelto en un ambiente infernal, que en el minuto seis ya emanaba gritos de «fuera, fuera» al colegiado y un entrenador visitante sobreexcitado en la banda.

Y pasó lo que suele ocurrir en estos casos. Que el ruido engulló al espectáculo. Los Altimira, Quagliata y Mantilla, ganadores de duelos natos, cobraron más protagonismo que Yeremay y Andrés Martín, los llamados a marcar diferencias. Los planteamientos de contención de Hidalgo y José Alberto se impusieron a los de proposición. Hasta el punto que la primera parte se completó sin tiros entre palos (la primera parada, de Ezkieta a Quagliata, fue en el 54).

El Deportivo renunció al plan que tanto había gustado en Almería con Soriano de ocho y sacrificó a un delantero (Stoichkov) para meter a otro jugador más defensivo (Villares). Algo que solo deshizo cuando se vio por debajo en el marcador.

La pelea de gallitos de Segunda se pareció más a uno de esos combates del pressing catch de los años noventa en los que volaban puños, pero todos sin hacer sangre. Y al final se lo llevó el Racing por el simple detalle de que aprovechó un error de falta de concentración de los locales para marcar y una nefasta definición de Stoichkov, que falló un mano a mano en el que corrió con todo a su favor tras un genial pase de Yeremay. Patiño puso la guinda a ese desacierto en el 96, para mayor rabia coruñesa.

Ver correr al banquillo del Racing durante 80 metros para celebrar la victoria sobre la grada de Marathón, junto al resto de compañeros, dejó constancia que el de Abanca Riazor era mucho más que un partido de fútbol. Lo que allí pasó, sobró. El colegiado expulsó a Mantilla con roja directa por encararse con la grada de malos modos y unos y otros acabaron encarándose. Un detalle más de un partido en el que la bronca se comió al fútbol.