El Deportivo, sin plan y sin dinámica ante el Andorra

Breogán Blanco

TORRE DE MARATHÓN

Miguel Loureiro (derecha), junto a Lautaro, en un lance del encuentro del Dépor ante el Andorra.
Miguel Loureiro (derecha), junto a Lautaro, en un lance del encuentro del Dépor ante el Andorra. LOF

20 dic 2025 . Actualizado a las 18:19 h.

El Dépor afrontaba un desplazamiento, siempre incómodo, con la necesidad de confirmar la mejoría competitiva mostrada ante un Primera División, así como el nivel de concentración en los duelos defensivos.

Antonio Hidalgo introdujo las novedades esperadas: 1-4-3-3 asimétrico, con Luismi Cruz en el carril derecho defensivo, Zaka como referencia y Noubi de nuevo como titular.

Desde el inicio, el plan ofensivo parecía juntar a Luismi-Yeremay en el carril central cuando el Andorra se colocaba en bloque medio-bajo y dar libertad al belga en el perfil derecho.

Como suele ser habitual, el conjunto blanquiazul atraía la presión andorrana sumando hándicaps: la poca profundidad y la ausencia de ganadores de duelos en campo rival, hacían al Dépor un conjunto plano y previsible.

No fue de mi agrado la facilidad del cuadro andorrano para romper líneas ante la presión deportivista durante todo el encuentro, parecían poseer más recursos en juego posicional. El técnico catalán introdujo un cambio al descanso, Gragera por Jurado. Sin embargo, no parecía variar en demasía el plan de partido del equipo blanquiazul: a expensas de la aparición del 10 en alguna acción individual con espacios y las llegadas de Villares desde segunda línea.

Situados en otro escenario y ante otro rival, podríamos decir que el Deportivo asumiría la batuta del encuentro. Ahora bien, el cuadro del Principado es el equipo con mayor porcentaje de posesión en la categoría, lo que obliga a los rivales a igualar o variar su propuesta. Ni lo uno ni lo otro: sin presión alta que dificultara la salida del rival y sin trabajo defensivo en bloque bajo para transitar.

En resumen, un equipo intrascendente con balón, cuesta abajo y sin ideas. Como vivo ejemplo, la entrada de Mella por Yeremay para colocarse en el carril derecho hasta los cinco minutos finales, cuando imperó la coherencia.

Tal y como veníamos avisando anteriormente, lo colectivo siempre ha de prevalecer sobre lo individual, y hace tiempo que nuestro objetivo se sostenía bajo esta última cualidad. Perder en Riazor contra una Real B que no había puntuado fuera de casa y ahora ante un Andorra que no conocía la victoria como local durante tres meses, hace todavía más necesaria la autocrítica, y menos el pensamiento como un aficionado.