El canario intervino en los tres goles del Dépor en el Arcángel, exhibiendo virtudes más allá del desborde y la finalización
16 nov 2025 . Actualizado a las 22:36 h.Cuando se repase esta campaña 2025-2026, la jornada catorce aportará un tanto y otro par de asistencias a la ya hinchada cuenta de Yeremay. Sin embargo, hay tres momentos (uno por gol) que quizá expliquen mejor la disposición de varios clubes de postín a hacer saltar la banca de Segunda División.
No habría, por ejemplo, 0-1 sin pundonor. El arrebato de amor propio fue de un duelo desigual con Xavi Sintes hasta el banquillo del Córdoba, donde acabó el canario tras la plancha en la línea de banda para rescatar el cuero sobre la cal. Retornó de inmediato al campo, interviniendo cuando Giacomo Quagliata trastabillaba entre contrarios, dejando muerto el balón. Quiebro en seco y entrega a Diego Villares, que activa a Luismi Cruz. Este filtra la bola hacia una esquina, alcanzando a Yere; y ahí, ya sí, llega la genialidad.
El violento disparo de Giacomo Quagliata redondea el caño a Carlos Isaac. Un adorno necesario en el envío para refrendar la condición de futbolista distinto, pero es veinte segundos antes cuando el dueño del 10 demuestra ser bastante más.
La prueba de templanza, en el 1-2. Rubén Alves agarra a Zakaria Eddahchouri en el minuto 69. El marcador no se mueve hasta seis después. En ese tiempo hay una meticulosa revisión del VAR, un tumulto en los once metros y un burdo intento de Cristian Carracedo de desconcentrar al lanzador. El jugador local burló el dispositivo de vigilancia establecido por Villares y Luismi en el punto de penalti para abrazar del cuello al portador del balón. El monólogo, al que Yeremay asistió sin perder la sonrisa, fue breve, porque de inmediato llegó José Ángel a llevarse al rival. No surtió el menor efecto: trote corto, amago y suave golpeo a lo Panenka cuando Iker Álvarez se había lanzado ya. La celebración, otra prueba de fidelidad ahora que resuena la vieja tentación. Volverá el Sporting a pujar en enero, aseguran a mitad de semana desde Portugal. En el Deportivo agitan la cláusula y en el siguiente encuentro, su estrella besa el escudo frente a las cámaras tras devolver al equipo a lo más alto de la clasificación.
Impecable manera de disimular una actuación tan floja como la del Arcángel. Y por si a alguien aún le tentaba quedarse con la falta de respuesta al arreón de un Córdoba en inferioridad, ahí queda el 1-3. Reminiscencias, por los protagonistas, del segundo en La Romareda, aunque sin asistencia de tacón. Esta fue una pared de muchos metros, sosteniendo un contragolpe de manual. Esprint, área a área, de David Mella, revitalizando por el camino la clásica sociedad.
Llegó enseguida el autor del pase a sumarse a la celebración. Porque después de darlo, echó a correr. Por si se le exigiera intervenir otra vez. Carrera del futbolista más veloz de la categoría en el 98 de un partido de desgaste, bajo una lluvia torrencial. Impensable en el Yere que fue. Ahora es muchísimo más.