El partido, en líneas generales, se pareció bastante a lo que vimos el otro día ante el Oviedo. Una vez más, eso que todo el mundo coincide en llamar detalles (pero a mí me parecen de gran importancia) priva al Dépor de sumar puntos.
Idiakez insistió en el error y alineó a Lucas como único ariete de referencia, una posición en la que el atacante, clave a nivel ofensivo (recordemos que fue el máximo goleador y máximo asistente de la pasada campaña) no puede mostrar todo su potencial. Una vez el técnico se convenció a sí mismo y metió a Barbero en el campo, la mejoría fue evidente. Regalamos, sin embargo, la primera parte.
Además, el equipo volvió a mostrar fragilidad defensiva en las jugadas de estrategia. Sin fortaleza a balón parado, no se va a ningún sitio.
Con esas, se pueden sacar lecturas positivas. El equipo, cuando notó los ajustes tácticos, jugó bien en la segunda mitad y mostró el camino de cara al próximo encuentro. Ese es el de incorporar a Obrador, pasar a Ximo a la derecha, prescindir de uno de los pivotes, retroceder a Mario (lo que es anticipar los tiempos, si es que finalmente arriba un jugador del perfil de Charlie Patiño) y jugar con Lucas por detrás de Barbero, escoltado por las habilidosas bandas. Mario ha demostrado que puede jugar más atrasado. Durante la segunda parte, el equipo no tuvo problemas en el mediocampo, en lo que a transiciones defensivas se refiere. Por el contrario, jugó con más fluidez en ataque.
En suma, a pesar de las derrotas, soy moderadamente optimista. El equipo compite de tú a tú, solo debe corregir esos «detalles» importantes.