Un terrible bajón difícil de explicar

TORRE DE MARATHÓN

César Quian

El bajón es terrible. No le encuentro mucha explicación a lo que ha matado al Deportivo, tanto hoy como a lo largo de la temporada. Esa certeza de que cada balón colgado al área acabaría en ocasión clara. Así ha ocurrido también en el último encuentro del curso. Una vez para ceder un empate y otra para ver esfumarse el ascenso.

La situación se hace más dura todavía cuando se ve ese ambiente que hay en torno al equipo, incluso en momentos en que este no da tanto como se espera de él. Ahora tocará hacer de nuevo un análisis profundo y ver qué se puede mejorar de cara a futuro.

En lo que respecta al partido, durante la primera parte se pudieron ver quizá los momentos de fútbol más brillante de la campaña, encajando con la idea tantas veces puesta en evidencia de que el Dépor es mucho mejor cuando es capaz de mantener una presión alta, sin dar tregua al rival. En ese tramo de asedio continuado, el Albacete no fue quien de dar dos pases seguidos y se apreciaba claramente cómo cundía la desesperación entre los visitantes.

Tras el descanso, sin embargo, el escenario cambió radicalmente: el conjunto de Rubén de la Barrera tuvo el control de la pelota, aunque no consiguiera generar peligro con ella, pero le bastó una falta lateral para dinamitarlo todo. A partir de ahí, ya con la dinámica en contra, la primera parte de la prórroga se consumió volando, como prueba de que el Dépor amagaba con recuperar el control. Falsa sensación, porque el equipo decayó de nuevo tras la reanudación.

Es más que probable que el único antídoto para frenar a un oponente necesitado de remontar hubiera sido mantener la presión alta y sostener físicamente al equipo a través de cambios. Pero estos llegaron tarde y no aportaron lo necesario. Ni se consolidó el atosigamiento en campo del Alba ni había gente veloz que ganara la espalda. Se rindió el balón y ellos crecieron mucho, especialmente tras el empate, momento en el que solo se podía desear que llegara cuanto antes el tiempo extra.

Como lección de cara a la próxima temporada podría servir la de no transmitir esa sensación de fragilidad frente al juego directo. Hay que intentar ser más seguros y al mismo tiempo no perder la calidad de hombres determinantes, como Juergen o Quiles. En estas categorías que podríamos considerar menores, se deciden demasiados partidos a través de esos balones colgados.

La decepción ha sido terrible para todos aquellos que habíamos vuelto a vestir la ciudad de los tiempos de Champions. Últimamente está costando sacar fruto de la excepcional entrega de este entorno ejemplar. El mismo que garantiza que habrá una nueva oportunidad.