No hay en la categoría equipo más sólido que este Dépor perfectamente afinado
08 nov 2021 . Actualizado a las 18:07 h.No pasó nada y sucedió de todo. El Deportivo había abandonado el campo en ventaja y actuó para no perderla al regresar. Salió sin rasguños de Las Gaunas, donde habita el máximo goleador del grupo 1 en la Primera Federación. Media docena de tantos llevaba Guarrotxena, que concluyó la cita sin marcar; atrapado entre la línea más gruesa del plan de Borja, el cinturón blindado de Mackay. Cinco goles en once partidos le han hecho al líder, un registro sin réplica en la categoría ni en ninguna superior. Representante de mayor envergadura de una solidez que se ha propagado también al Fabril.
No es esta (ni la del filial) una eficacia rácana, sino un ejercicio de orden, automatismos y capacidad de adaptación que ya ha superado la prueba de las canchas de mayor solera del campeonato, más allá de Riazor. El enroque blanquiazul no entrega un metro al rival. Empieza con las maniobras en campo contrario, que orientan al oponente hacia el carril libre, condicionando la selección. A partir de ahí, solidaridad entre jugones. Juergen, De Vicente y Villares, tres futbolistas a los que la pelota ha dado crédito, han multiplicado sin ella su valor. Acabaron compartiendo once, como empezaron en Santander, aunque en Logroño no fue necesario prescindir del cuarto hombre de la medular.
Bergantiños estaba un paso por detrás, barriendo entre centrales; réplica a tamaño de La Sagrada del Koeman que le valió el apodo cuando empezaba a destacar. Al quite —hasta que Mere tiró de Aridane y Granero acudió a multiplicar los centímetros de la zaga— ante cualquier desliz o incorporación al ataque de la pareja más inesperada en el plantel coruñés. La que forma Lapeña, aún entre quienes no se han perdido un minuto, con Jaime Sánchez, cuarto central en enrolarse en el equipo y asentado ya en el perfil izquierdo por delante del único zurdo y de un viejo conocido del entrenador.
En ese pasillo central, nadie regala una bola, ni en fase defensiva ni cuando toca proponer. Hay una conciencia encomiable del valor de cada acción, como si todas fueran esa en la que el adversario va a encontrar su oportunidad. Un par tuvo el Logroñés de los ricos. Las justas para poder incorporar a Mackay al relato, retado por un mal bote en el barro al que también supo responder. Ninguna opción en disparos lejanos ni paredes en la frontal.
Tampoco en centros al área, abortados por dos carrileros con fuelle inagotable, producto de la clonación. Donde había un problema, sirvió de ejemplo la mejor versión de Héctor —todo el salario al que haya renunciado lo vuelve a merecer— y se replicó. Víctor García fue extremo, pero ahora es difícil que sea algo mejor que lateral. Solo un nivel como el que exhibe justifica tener a Trilli llamando a la puerta desde el banquillo otra vez. Con un cohete en cada costado, los extremos pueden permitirse incursiones constantes hacia la frontal. Saben que alguien llegará por fuera a ocupar puntual el terreno que dejen atrás. Un movimiento cualquiera entre los muchos que conoce de memoria la plantilla del líder, que tiene respuesta a cualquier plan.