Algún día tenía que llegar el primer tropiezo. Nadie podía esperar que el Deportivo ganase eternamente y el Reina Sofía no es un campo fácil para ningún equipo. Hierba artificial, rival intenso, gran ambiente en las gradas... Pero lo cierto es que el conjunto blanquiazul no estuvo a la altura de su potencial. Hasta Dani Mori superó a Borja Jiménez en el duelo de entrenadores. Un mal día en la oficina. Que ningún jugador del once coruñés que comenzó el partido acabase el partido en su posición es un perfecto indicativo del desorden sufrido. Lapeña, de lateral a central, y sus otros compañeros de la zaga, al banquillo. Álex Bergantiños, de pivote a defensa, para acabar siendo cambiado; Villares de la medular a pareja de Lapeña en el eje de la zaga; Juergen y Soriano, de falsos extremos a mediocentros; Quiles, de segunda punta, a extremo y luego a delantero centro; y Miku, sustituido. Hasta Mackay acabó en el área rival, buscando el desesperado tanto del empate.
El Unionistas tuvo las ideas mucho más claras. Por eso ganó. Fue mejor. Se adelantó el Dépor en la primera ocasión que tuvo; pero los charros no desesperaron y supieron encontrar el agujero negro que los herculinos tenían en su banda derecha. Sorprendió de salida que el Dépor jugase con Lapeña de lateral y Juergen por delante. Fue un error. Y un horror, El colombiano estuvo muy despistado. No ayudó en defensa y apenas aportó en ataque. El zaguero, por su parte, desplazado a banda para convertirse en el quinto lateral derecho titular en cinco partidos (tras Trilli, Benito, Víctor y Villares), fue superado ampliamente por los dos rivales que ocupaban su banda. Los dos goles locales llegaron por ahí. Por su zona de influencia. Y no por negligencia suya. Al menos, directa.
Jiménez lo vio. Lo sufrió todo el deportivismo. Y aprovechó la lesión de Trigueros para introducir a Benito, que mejoró al equipo (al menos en ataque). El único lateral diestro puro que hay sano en plantilla se adueñó de la banda, ya sin Juergen por delante, y ahí el Deportivo vivió sus mejores minutos. Parecía que el empate sería cuestión de tiempo.
Pero no. En un intento por darle mayor pegada al equipo, los cambios acabaron por emborronarlo todo. Primero, con defensa de tres (con Villares y Álex acompañando a Lapeña) y luego sin el de la Sagrada, para dar entrada a otro ariete más. El Deportivo se dejó seducir por la anarquía para arreglar sus males. Pero sin orden. Mucho empuje, eso sí, mucho corazón, pero pocas ideas. No por jugar con más delanteros se ataca mejor, igual que no por jugar con más futbolistas de corte defensivo (como se vio en la primera parte), se ataja mejor al rival. Toca aprender. Un mal día.