La chistera estaba vacía


Las tres últimas victorias y el empate de Tenerife, tras un sensacional partido, habían despertado una enorme ilusión en la afición blanquiazul que veía el duelo de La Rosaleda como el de la salvación. Pero el Dépor volvió a parecerse al que empató con el Sporting y el Oviedo, con la diferencia de que en esta ocasión perdió. Se reencontró así con una realidad que dicta que la escuadra que prepara Fernando Vázquez está condenada a sufrir hasta el final. Máxime, si se olvida de jugar al fútbol.

El técnico de Castrofeito, quizá animado por el buen resultado que le dio en su momento colocar a Mollejo de lateral y el que le estaba dando inventarse un Borja Valle como mediocentro, volvió a tirar de sombrero y varita mágica. Situó a David Simón por la izquierda, dejando a Bóveda por la derecha. El equipo perdió así la profundidad que, con una defensa de tres centrales, se entiende que deben darle los laterales. El vasco es más de contención y colocar al canario a pierna cambiada le impidió alcanzar la línea de fondo y centrar. No siempre la chistera va a esconder un conejo.

El colchón de cuatro puntos con el que partía de ventaja en esta jornada le permitía un tropezón sin que eso significara nada más que caerse para poder levantarse. Quedan tres jornadas y el equipo está en una situación que el más optimista hubiera firmado allá por el mes de diciembre. Depende de sí mismo y el calendario no es duro. Cualquiera de los de abajo se cambiaría por ser el Dépor.

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